30 octubre, 2020
, ¿Y AHORA?

NO MIREMOS PARA OTRO LADO

GUERNICA

Hay muchos ojos. Ojos mirando una pantalla y ojos que ven cómo se arruina la vida. Ojos llorosos e irritados por los gases de la Bonaerense y el humo de las casillas quemadas. Ojos testigos de las casas quemadas en Guernica, de las familias arrancadas de su ranchito durante la madrugada, de las huellas pequeñas de los niños corriendo con sus padres entre el barro. Algunos ojos apuntan para que los dedos disparen.

Los ojos de Martín Combina hablan, su garganta también: “Hubo bastantes detenidos; a un par los agarraron, los cagaron a palos y después los demoraron. Vinieron en motos y cuatriciclos, nos tiraron bombas lacrimógenas. Ahora no sabemos qué va a pasar”. Sus ojos buscaban diálogo, pero encontraron violencia: “Fue todo un desastre, todavía tengo el corazón en la mano por mis hijos. Nos vinieron a levantar entre las 4.30 y las 5 de la madrugada porque venía la Policía; no me quedó otra que llevar a mi familia a la casa de un vecino. Estuvimos esperando ahí, hasta que comenzó la represión con escudos y bombas, una situación muy terrible». Con los párpados pesados y la incertidumbre a cuestas, no sabe qué pasará mañana: “Necesitamos una solución habitacional; habíamos llegado a un acuerdo para que nos trasladaran a otro predio por seis meses hasta que nos dieran un lugar real, pero ni esperaron, nos sacaron igual. Sólo buscamos paz, que nos dejen tranquilos y que haya una alternativa para quienes vivimos en la calle, no quiero eso para mis hijos”.

Hoy, los ojos de Paola Argento reflejan lo mismo, y se escucha: “Varias personas terminaron heridas, criaturas incluidas. Las fuerzas llegaron a las cinco de la mañana a desalojar, empezaron a tirar balas de goma y gas lacrimógeno, no les importó nada”. Los ojos de Ian, su hijo de 5 años, la observan con preocupación y tristeza, a ella también se le empañan los ojos: “Hay mucha gente en la misma situación: no tienen trabajo y ya los sacaron de los alquileres en donde estaban. Muchas familias nos quedamos en la calle, no tenemos otro lugar para vivir”.

Hay ojos, un montón de ojos,
que hoy no saben a dónde ir.

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