11 febrero, 2021
, Rosario

CABLE A TIERRA

Electricidad

Sergio tiene 10 años, vive en el barrio Acindar de Rosario y, como tantos pibes, anda descalzo por el barrio. Va y viene, llora y ríe, corre y juega. El 29 de enero casi se muere por tropezarse. Sergio caminaba hacia el almacén cuando se llevó puesto un cable que quedó tirado después de la tormenta; se quemó las dos piernas, una mano, y perdió un dedo. Susana, su mamá, lo vio tirado, sin aire, boca abajo en un charco lleno de mugre; en ese momento estaba desesperada y hoy recuerda que «entre dos vecinos le sacaron con un palo el manojo de cables haciendo cortocircuito, le hicieron RCP y lo subieron a un auto para llevarlo al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez. De camino, mi hijo sufrió un paro cardíaco y luego tardó dos horas en recuperar la conciencia».
Hoy está estable, aunque todavía no puede caminar bien y tienen que suministrarle morfina para contrarrestar el dolor. «¡No sé cómo voy a contarle que debieron amputarle un dedito!», se preocupa Susana mientras piensa en el resto de pibas y pibes que corren el mismo peligro: «Yo no quiero que le pase a ningún otro vecino… Hay un montón de niños que andan en patas por la calle». Cualquiera siente una amenaza al irse de su casa; la Empresa Provincial de Energía de Santa Fe jamás colocó los pilares necesarios para garantizar un cableado digno, tal como reclamamos al Distrito Sudoeste de la Municipalidad, y por esta razón no están regulados los tendidos eléctricos. Para peor, cuando llueve, literalmente se inunda todo el barrio por la falta de desagües: “El agua nos llega hasta las rodillas y los cables siguen sueltos, así que no podemos salir. Hemos reclamado infinitas veces, aunque nunca obtuvimos una respuesta del Municipio. La EPE ni siquiera se comunicó con nosotros”.
«Ningún responsable sabe cómo vivimos, ni podría soportar estas condiciones; no pedimos más que lo necesario: derechos básicos para que vivamos dignamente», suspira Susana, que también se toma el tiempo para agradecerle a la comunidad: «Mi hijo está vivo porque lo salvaron los vecinos». Con las obras correspondientes, Sergio no habría sufrido semejante desidia ni viviríamos con la preocupación de que ocurra nuevamente.
El único cable a tierra es la urbanización;
si puede evitarse, no es un accidente.

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