16 febrero, 2021
, Coronavirus

CARNAVAL EN CASA

carnaval_2021

Hoy también volamos en las barriadas, con nuestro arte murguero y su esencia agitadora. Con todas las lentejuelas de los trajes y los saltos que se convirtieron en parte de nuestra historia, un fragmento de la cultura popular y en una fiesta colorida del pueblo para el pueblo, que nos permite renovar siempre las energías a quienes les ponemos pecho al hambre, al desempleo, a la violencia de géneros, a la falta de servicios básicos y a todo lo que suele arrebatarnos la alegría. A pesar de que este 16 de febrero no podemos estar en las calles viendo cada show, y rompiendo las cadenas, nunca perderemos el ritmo de la murga que siempre fue un escape para muchas pibas y pibes como Agostina Nora Domínguez, del Barrios Los Cortaderos en Córdoba: “Para mí el carnaval es alegría y yo voy cada vez que me siento triste. La murga de nuestro barrio empezó hace cuatro años; desde entonces siempre hubo gente que venía a mirar y quienes venían a bailar”.

Los bombos, los redoblantes, las maracas y los silbatos suenan puertas adentro para cuidarnos de la pandemia pero siempre está el anhelo de volver a verlos rodear nuestros barrios o escuchar los platillos en la avenida principal mientras cada vez más vecinas y vecinos se acercan para participar. Este arte callejero que expandió sus raíces por Latinoamérica, es fundamental para Melanie Contreras, vecina de Los Cortaderos, que recuerda cada paso y cada salto: “Acá, tiene un rol clave porque nos permitía salir, divertirnos, jugar un rato en conjunto. Nos hace sentirnos libres y siempre están las ganas de querer continuar aunque termine el ensayo. Además, nos da la posibilidad de aprender en el barrio y en cierto modo representarlo”.

Por eso, desde los talleres creativos, de arte, de educación, de música o de murga, seguimos enfrentando el coronavirus. ¡Acá eh! A pesar de que este año no podamos juntarnos en las calles, en las plazas, en las noches más ruidosas del país donde los colores toman protagonismo. Aunque esté parado, sigue presente, porque las murgas siguen sonando con la impronta rebelde que relata Erika Ponce, del Barrio Independencia en Mendoza: “Es de suma importancia que cada barrio popular tenga su murguita, porque es una forma sana de expresar, aprender, compartir, denunciar y visibilizar. Comprendemos que nos debemos seguir cuidando, somos conscientes, por eso pensamos cada detalle para los ensayos que de a poco van avanzando con sus protocolos de higiene. Así, no desistiremos a este sueño inmenso de ver nuevamente a las murgas”.

Las ganas crecen, pero toca cuidarnos en comunidad, hasta que podamos copar las calles nuevamente para romper las estructuras de la moral.

Hoy más que siempre,
¡salud, carnaval!

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