3 febrero, 2021
, Facundo Ferreira

ESCENAS DE VIOLENCIA

Facundo ferreyra

Sólo falta un mes para que se cumplan tres años desde que ejecutaron a Facundo Ferreira. ¡Tres años! No bastó con arrebatarle la infancia, con negarle sus sueños, con mentir sobre su identidad y con justificar su asesinato; las autoridades siguen empecinadas en amedrentar a su entorno en Tucumán, como el viernes pasado, cuando la Policía provincial cagó a palos a parte de la familia en la puerta del comedor «El Negrito Facundo». Otro teatro armado con más de una docena de efectivos de la Comisaría 6ta, las fuerzas motorizadas del *911 y el Grupo de Operaciones Motorizadas (GOMT), que además tienen una restricción que les prohíbe acercarse a la zona. El escenario fue el barrio La Bombilla, donde se viven escenas de terror.

En 2018, los fundamentalistas del periodismo condicionado tomaron la «versión oficial» de la Policía de Tucumán… Aseguraron que Facu estaba armado, pero no denunciaron la bala del efectivo que lo mató por la espalda; anunciaron que tenía antecedentes, pero no aclararon que el verdugo uniformado disparó después de haber consumido cocaína; no volvieron a decir nada más del pibito de 12 años acribillado, ni de sus familiares que sobreviven bajo amenazas. Entre tantas mentiras descaradas y el silencio cómplice, se les pasó contar que hace cinco días se llevaron detenido a Pablo Villagra, tío de Facundo, a pesar de que tenía los papeles de la moto cuando se los pidieron. Pero el show siguió: lo subieron a golpes a una camioneta, le dejaron sangrando la nariz de una piña y continuaron pegándole en la cabeza hasta llegar a la Comisaría 6ta. Un nuevo escenario, bastante más oscuro; lo encerraron en un depósito y lo torturaron entre tres efectivos.

Un guión esperado para Ángel Villareal, otro tío de Facu que fue hasta el destacamento para saber qué había pasado. Cuando uno de los policías lo vio entrar, gritó “¡Este también es!” antes de encerrarlo. Ángel todavía está dolorido y no sólo por la pérdida de su sobrino: “Hicieron rondas para torturarnos y nos metieron en un cuartito donde nos golpeaban; a mí me dieron una patada entre las piernas, me pegaron en el ojo y ahora estoy con miedo de perder la vista porque hace poco me habían operado. Cuando fue a verme mi abogado, le tuve que hablar en voz baja porque los efectivos me advirtieron que tuviera cuidado con lo que iba a contar porque si me llegaban a volver a ver, me iban a hacer cagar”.

Esta obra ya se había visto, no es ningún estreno: la abuela de Facu fue la primera en desmentir todas las falacias que algunos medios inventaban de su nieto y por eso fue atacada por la Policía. El 7 de agosto del 2018, desde un móvil policial le dispararon con balas de goma y de plomo a su casa… Ángel descarta que haya sido pura casualidad: “Cuando nos estaban llevando al médico legal, nos dijeron que primero nos iban a matar a nosotros dos y después a la ‘vieja esa’”. No los detiene ni siquiera la edad, porque aumenta el ensañamiento y disminuye la protección, como relata Rita Ferreira, tía de Facu: “La semana pasada, un policía amenazó a mi hijo Mauro de 11 años con pegarle un tiro en la cabeza. Del miedo, corrió hasta mi casa para esconderse en el armario y no quería salir. No es la primera vez, porque ya nos habían dicho que iban a matar a toda mi familia, empezando por mi madre”.

En medio del dolor, la incertidumbre y el peligro, esperamos el juicio oral contra Mauro Gabriel Díaz Cáceres y Nicolás Javier González Montes de Oca, los oficiales que fusilaron a Facundo sin piedad.

Seguiremos gritando hasta que haya justicia,
y caiga el telón de la impunidad.

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