13 febrero, 2021
, La Rioja

MATARON A UN ARTISTA, UN AMIGO, UN SER QUERIDO

Gatillo Fácil La Rioja

A Alejandro Bravo lo podríamos recordar como a una persona que siempre movilizaba a los demás. De nacimiento era Alejandro, pero de cariño siempre fue el «Cani», por «Kanishka», el nombre de la canción. Siempre con el ánimo bien arriba y una energía muy potente, como un pogo. Dejaba su huella por donde pasaba, y diariamente regaba de amor a las personas que se lo cruzaban en el Barrio Nueva Esperanza, en La Rioja. Su vida se puede resumir en las palabras de toda esa gente que lo apreciaba como su amiga Kela Silva: “Nos conocemos hace muchísimo tiempo. Él nació en Mendoza y a los 20 años se vino a vivir acá. Junto con su compañera hemos compartido fiestas, ferias artesanales, cumpleaños donde le gustaba cantar hasta tarde”. Alejandro tatuaba, su marca imborrable era el arte que ejercía en la piel de las personas, evocando así su amor por la pintura y también por su comunidad.
El 22 de enero pasado, mientras volvía a su casa, su arte y su vida resultaron interrumpidas. Aunque en una primera instancia se dijo que había sido detenido en el barrio Luis Vernet de la capital riojana por un robo que habría intentado cometer, lo que ahora sabemos es que un policía de civil lo persiguió, revólver en mano; el Cani gritaba: “Me quieren robar con un arma” mientras lo perseguían Nicolás Ochoa y Oscar Ríos, integrantes de la Policía provincial y del Ejército Argentino respectivamente. Fueron ellos quienes luego alegaron que Alejandro estaba ebrio y que intentaron lincharlo por haber querido robar en diferentes viviendas, lo que fue absolutamente desmentido por la comunidad, que decidió no ser cómplice de la brutalidad policial. Luego de esta persecución, cuyos motivos aún se desconocen, los policías provinciales Matías Contreras y José Oviedo llegaron al lugar y forcejearon con él, hasta que lo redujeron y lo obligaron a entrar en la camioneta policial. Un rato después, el Cani llegaba al Hospital Vera Barros debido a una supuesta “descompensación” cuando lo estaban trasladando. Murió, en verdad, por un hematoma cerebral.
Su compañera Laura y su hijo, al igual que sus amistades no paran de extrañarlo desde aquel día. Así se refleja en la voz de Kela: “Lo que sucedió es algo increíble, una sigue pensando que no puede ser, tratás de convencerte de que realmente no pasó, porque es sencillamente inexplicable. Me duele cada vez que veo una foto suya. No se merecía terminar así, que nos hayan dejado sin su humor, su amor, su carisma. Por todo esto, seguiremos pidiendo justicia por mi amigo”. Tres policías y un militar fueron imputados por su muerte: Matías Contreras, José Oviedo, Nicolás Ochoa y Oscar Ríos, los verdugos uniformados de impunidad.
Sabemos que murió por un golpe en la cabeza, pero no quién lo ejecutó. ¡Necesitamos conocer la verdad!

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