12 febrero, 2021
, San Juan

“SEGUIMOS DURMIENDO EN CARPAS“

Sismo San Juan

* Por Natalia Barrionuevo, vecina que perdió su casa por el sismo en La Colmina, Municipio de Pocito, San Juan.
Ya pasó casi un mes del sismo que sacudió a San Juan y tiró abajo las casas de nuestro barrio. Y aún hoy sigo sin saber dónde voy a vivir. Hace 11 años estamos junto con mi esposo y mis tres hijos en el asentamiento La Colmina, en el Municipio de Pocito. Todas las vecinas y vecinos tenemos algo en común: no teníamos acceso a los servicios básicos como el agua, luz o gas; ni antes ni después del sismo. Lamentablemente, este lugar permanece olvidado, aún somos 15 familias que, el 19 de enero pasado perdimos nuestras viviendas. Y ahora también perdemos la paciencia ante la falta de soluciones. No podemos seguir esperando hasta que el Municipio se digne a brindar una mínima respuesta.
Aquel día, cuando empezó a temblar todo, por la desesperación que sentía, lo primero que hice fue agarrar a mi nena y salir rápidamente. La fuerza con la que sacudió todo aquí en el epicentro fue impresionante: estuvimos toda la noche con miedo debido a las réplicas y esto nos devolvía al cuerpo la sensación de tener todo dado vuelta. Y no es metafórico, es literal: por la noche, sacamos las camas afuera y dormimos ahí, pensando que al otro día las cosas podrían mejorar.
A la mañana necesitábamos más que sólo la presencia de un par de arquitectos, que llegaron en representación del Instituto Provincial de la Vivienda y determinaron que mi casa era “inhabitable” debido a una rajadura muy grande en la parte posterior, porque nunca, jamás, tuvo las condiciones para ser habitada. Ellos mismos admitieron que no podíamos vivir así; sin embargo, la única solución que aportaron fue la entrega de unos caños y lona. A cada una de las 16 familias nos dieron una carpa con capacidad para 4 personas. Como si ya no fuera suficiente tanta desidia estatal, entre la bronca y tristeza de haber perdido nuestro hogar, mi esposo tuvo que armar la carpa en la que convivimos como podemos, porque somos 5 integrantes y el lugar es notablemente chico. ¡Ojalá fuera sólo eso! Lejos de recibir algún tipo de asistencia o acompañamiento de parte del gobierno de la Municipalidad de Pocito, solamente nos entregaron unos pocos bolsones con algunos alimentos, sin ningún elemento para higiene o limpieza, y nos trajeron palos y nylon para asegurar las carpas, que siquiera alcanzaron para la totalidad del asentamiento.
Entre los mil y un problemas que enfrentamos, también está el padecimiento de ver cómo la lluvia sigue arrastrando lo poco que nos quedaba de pie: además de mojarse las pocas pertenencias que nos quedan, nos amenaza el miedo de vivir entre dos canales que rebalsan con la creciente del río e inundan la barriada. El verano y el agua acumulada son la combinación perfecta para la reproducción del dengue y, debido a que casi todas las casas son de adobe, el miedo a contraer mal de chagas por causa de la vinchuca siempre está latente. Tampoco podemos vivir en carpa entre arañas y alacranes. A pesar de todo esto, el intendente Armando Sánchez nunca se presentó, sino que terceriza las respuestas y nos manda a hablar con intermediarios. Mientras las autoridades juegan con el tiempo como si fuera una ruleta y argumentan que «fue un sismo solamente», minimizando los destrozos que dejó en nuestra provincia, acá nos organizamos para sobrevivir al día, aunque precisamos un lugar digno; no podemos seguir durmiendo totalmente a oscuras sin luz ni un techo, es imposible descansar.
¿Y el Municipio?
¡Se tiene que despertar!

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