28 marzo, 2021
, Violencia

“LOS TIEMPOS DE LA JUSTICIA“

SOBREVIVIENTE barrio

* Por Paola Alarcón, vecina del Barrio Los Álamos en situación de violencia y abandonada por la Justicia.

La primera vez que me animé a denunciar fue un viernes. El oficial que me recibió, omitió que mi ex marido, Maximiliano Rodríguez, estaba incumpliendo la perimetral y sólo me dijo que fuera a la fiscalía el martes siguiente. Ni siquiera me dieron un botón antipánico porque no tenía heridas visibles de sus golpizas. Tuve que dormir en la calle junto con mis hijos para no volver a mi casa y no cruzarlo. En la Comisaría de la Mujer N° 16 de Oro Verde, en Virrey del Pino, La Matanza, no hicieron nada. Incluso hasta el día de hoy sigo recibiendo amenazas y tengo todos los mensajes guardados. Entonces llamé al 144 para que empiecen a hacer algo y ahí me dijeron que “los oficiales debían mandar un patrullero para que se lleve a mi ex marido por estar incumpliendo la perimetral”. Todos esos días que no estuve en mi casa, él me robó todo: se llevó mi heladera, cocina, garrafa, incluso las cosas de mis hijos. Sufrí un completo destrato por parte de los oficiales que deberían velar por mi seguridad, porque cuando estuve en la calle con mis hijos, bajo la lluvia, a las diez de la noche me llamaron diciendo que debía ir hasta la comisaría para volver a realizar la denuncia por la restitución de mis bienes, porque la habían hecho mal. Yo estaba sin plata, además cuidaba a los nenes y con total indiferencia me dijeron: “No hay otra, tenés que venir igual”.

Durante cinco años estuve en esa situación y los últimos dos fueron los peores, porque Maximiliano me obligaba a hacer cosas que yo no quería. Siempre tuve miedo a que esto le provocara problemas a mi familia. ¡Dos veces casi me mata! Pero no lo logró, ya que varios vecinos y también mis hijos me defendieron. Incluso mi padre puso en riesgo su vida porque en una ocasión quiso defenderme. Cuando te juntás con personas así, no lo sabés desde un inicio, sino que con el paso del tiempo empezás a ver todo lo que conlleva. Fue horrible atravesar eso. Yo no me podía proteger porque sino era capaz de asesinarme, entonces debía soportar que me ahorque, me golpee hasta dejarme llena de moretones o me arranque los pelos. Si mis hijos decían algo, ellos también sufrían las consecuencias. Cuando yo estaba levantando de a poco mi hogar, él me amenazó con matar a mi papá si no vendía ese lugar para que me vaya a vivir con él a otro barrio. Lo hice, no tuve opción. Tuve que volver a vender mi casa hasta que terminamos viviendo en Los Álamos. Pero luego junté coraje: me cansé de que mis hijos vieran esa violencia que ejercía. Así que escapé, fui directo a la casa de Josefina, una compañera a cargo del comedor barrial, y después a la casa de Mabel, una vecina de la parte de Géneros de La Poderosa.

Gran parte de mi vida me costó identificar la violencia de género en la cual estaba inmersa. Durante mucho tiempo justifiqué a mi ex marido diciendo: “Será por la falta de trabajo que está así de agresivo”. Y me di cuenta que no, cuando vi que no sólo era así conmigo sino también con los nenes. Antes no podía ver lo que me estaba pasando, pero tengo compañeras que me abrieron los ojos porque habían atravesado por lo mismo y me aconsejaron. Nunca me dejaron sola. Así, comprendí que el no es no y que todo lo que sufría era violencia. La situación no termina, ya que ni siquiera puedo ir al comedor para ayudar a mis compañeras con las ollas. No puedo volver a mi casa porque pondría en riesgo mi vida y la de mis hijos. Lo que espero es que él esté preso y no tenga que ser yo la que deba estar encerrada con mis hijos, por miedo. De mínima le tienen que poner la tobillera para que puedan conocer sus movimientos. Sin embargo, estoy acá, preguntándome cuándo va a accionar la Justicia. ¿Qué espera el Juzgado de Familia N° 2 de San Justo? ¿Que me transforme en otra Úrsula más? ¿Ahí van a responder?

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