2 abril, 2021
, 2 de Abril

LAS MALVINAS, NUESTRA IDENTIDAD

Malvinas

Todavía nos duele. Nos duele la dictadura condenando a los pibes, nos duele el frío helado de las trincheras, nos duele una bandera imperialista clavada en el corazón, nos duelen 649 almas rotas, nos duelen las huellas que dejaron las Flecha, nos duelen los fusiles inútiles, nos duelen los gritos, nos duelen los estruendos. Nos duele la historia, que todavía sangra, que huele a pólvora, que está manchada con el horror. Nos duele un montón.

Julio Aro, ex-combatiente argentino, creó la “Fundación No Me Olvides”, cuyo principal objetivo es promover la mejora en la calidad de vida de personas que padecen estrés postraumático y trastornos originados por situaciones violentas. Pero su trabajo más arduo se plasmó en el Plan Proyecto Humanitario Malvinas, para la identificación de los 122 soldados en el cementerio de Darwin, enterrados desde 1982 con una lápida que decía «Soldado sólo conocido por Dios». Gracias al trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense, junto a la Cruz Roja Internacional, le devolvieron la identidad a 115 pibes que estaban ahí, sin nombre: «Llegábamos a los pueblos preguntando por familiares de ex-combatientes para explicarles que con una gotita de su sangre podríamos averiguar dónde estaban sus hijos”. Julio conoció en 2008 al oficial inglés Geoffrey Cardozo, que se volvió un colega más en esta lucha. Desde ese momento comenzó su amistad y también un objetivo compartido: cambiar las placas de las sepulturas argentinas en Malvinas por los nombres de los que allí están. Julio no deja de mencionar que muchas veces el Estado pretendió mirar para otro lado: “La etapa de desmalvinización tuvo la mayor cantidad de suicidios de soldados. Trataron de ocultarnos, intentaban esconder una parte de todo lo que había hecho la dictadura. No querían que contáramos cómo los milicos nos cagaron a palos”.

Cuando el fuego había cesado en junio del ’82, Geoffrey sintió como propia la tristeza y recuerda su tarea: “Yo debía ver si los soldados ingleses tenían comida y un lugar seco para vivir. Pero luego me dieron la orden de solucionar el bienestar de los caídos argentinos. Era frecuente que estos jóvenes no tuvieran chapa, entonces buscaba en su ropa algún documento o carta para saber sus nombres. Ante la falta de identificación, anotaba los detalles y guardaba todo en bolsas, porque pensaba que así podrían preservarse mejor». Julio no olvida la sorpresa que se llevó cuando Cardozo le entregó una carpeta inmaculada con la información necesaria: “¡Era un bendito informe que explicaba todo minuciosamente! Miré las coordenadas a través de internet y vi el lugar donde cayeron cada uno de mis compañeros. De las 122 exhumaciones, todas estuvieron en perfectas condiciones para ser analizadas”. Esta labor sin fronteras y contra todo el cinismo internacional, les valió la postulación al Premio Nobel de la Paz en 2019 y nuevamente este año.

Las Malvinas nos duelen, pero la humanidad nos salva, porque muchas madres pudieron despedir a sus hijos y terminar con la incertidumbre de no saber dónde estaban. Hoy tenemos la certeza que descansan en esa turba fría, después de haber sido víctimas de una absurda guerra.

Ahora los podemos llorar,
en nuestra tierra.

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