26 junio, 2021
, Nunca Noas

HASTA QUE LAS VENAS NO ARDAN

Dario

*Por Nacho Levy.

Qué bueno verte, Darío, qué bueno verte así, tan joven, tan fuerte, tan vivo. Estás igual, amigo. Y la verdad, se te ve bárbaro, tan libre, tan firme, que a veces me siento un poco viejo, un poco flojo, un poco muerto. Y sí, te vemos todos los 26, sosteniendo las banderas desde adentro, tocando el bombo con los palos que te dieron, inmortalizando la foto que todavía se mueve, levantando una olla desde abajo de la tierra o encendiendo neumáticos a los rayos del sol, como si nos observaras con lupa, como si nos volvieras cristalinos. Quizá por eso, yo te veo mejor cuando me cuesta mirarme, porque a veces nos resulta fácil advertir todo ese humo que lacrimógenamente va nublando el porvenir. Pero qué difícil, mi viejo, cuando se nos va empañando el espejo. Ahí, te busco, te llamo, te cuento, te pregunto y te creo, porque sé que me vas a ver, porque sé que me vas a convencer y porque sé que nunca, pero nunca, pero nunca, me vas a dejar caer, aunque me roben hasta la última certeza.

Aunque te apunten a la cabeza.

Qué bueno verte, en la risa de mi ahijado o en los ojos de tu hermano, parando todos los relojes con la palma de una mano, para que todas y todos veamos a Maxi ahí tendido, como sus brazos, como el olvido. Qué fácil escucharte y qué difícil mirarte, porque somos la parte que grita y milita para imitarte, no para idolatrarte, sino para cuidarte como vos nos cuidaste en medio de la estampida, delante de ningún noticiero, dispuesto a entregar la vida, ¡pero jamás a un compañero! Y entonces nos abrazamos, mientras vamos cuidando el eco de tu voz, sin ser ustedes dos, sin ser él, sin ser vos, entre todas nuestras emociones, bajezas y contradicciones. Caminando el camino largo, rechazando el destino corto, vamos haciendo lo que podemos, muchas veces como el orto. ¿O quién rige la efectividad de nuestra dignidad? No hay ciencia más rigurosa que la conciencia, entre los vientos de la complacencia y los tiempos del temporal, levantando los cimientos de otro año electoral. Pues aun entre las olas del desconcierto y la codicia, sigue habiendo una buena noticia generacional, porque ustedes lograron que ya nada nunca fuera igual.

Nunca Más.