12 junio, 2021
, Latinoamérica

LA DIGNIDAD, QUE VALE UN PERÚ

Perú collage cocinera

Al ritmo de los tambores, al calor de las elecciones, en Perú elegimos a nuestros representantes en medio de esta pandemia. No sólo despedimos al brazo más representativo de la derecha, sino que sembramos una semilla de esperanza para reconstruir todo lo que el fujimorismo destrozó. Porque en los barrios siempre, hasta en los peores tiempos, nos sostenemos entre vecinas y vecinos.

Mientras el conservadurismo agudizó la desigualdad social dejando un 75% de trabajo informal en un país en que, además, desampararon al 15% de población desocupada; en cada barrio afligido por la crisis se fue tejiendo una red sólida que supo contener la primera necesidad: el hambre. Vecinas de pie, con fuerza en las manos, gestoras de ollas populares como Maura Marcos Valle, de Cerro del Pino en La Victoria, no soportaron sentir el ruido del hambre en su comunidad: «En el asentamiento donde vivo, somos alrededor de 30 mil pobladores y un tercio vive en extrema pobreza. A raíz de la necesidad alimentaria organizamos nuestra asamblea y, en octubre del año pasado, formamos un grupo de madres: hoy somos 10 compañeras que brindamos comida a 120 familias por semana».

Cansados de quedarnos con las sobras, hartas de reclamar por nuestros derechos y escuchar el eco de silencio siempre del lado del Estado, hoy todo el Perú encarna el espíritu de lucha, ese que sentimos en la sangre latinoamericana. Maura así vive el colapso del pueblo ante una realidad que no da para más: «La gestión de Fujimori ha sostenido un modelo neolibreral que ya no queremos, porque nos vuelve esclavos. En pandemia han muerto muchísimos peruanos porque no se han tomado las medidas sanitarias adecuadas. Y fue el pueblo quien pagó eso». Todavía lloramos cada pérdida, porque en un país de 32 millones de personas tenemos la mayor tasa de mortalidad por covid en relación a la población a nivel mundial.

La historia viva que brota de los 55 pueblos originarios de los Andes y la Amazonia, hoy grita por la necesidad urgente de una estabilidad económica y sanitaria que permita vivir en paz. Así lo explica Maura con la voz de su comunidad aún intacta: «Estamos en la lucha de sobrevivir a las limitaciones de nuestras naciones. A los países hermanos, queremos agradecerles que estamos juntos en esta lucha».

Ya dijimos basta, queremos una digna calidad de vida,
y hacia eso caminamos.

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