11 junio, 2021
, Río Negro

NO SE AGUANTA MÁS

NO SE AGUANTA MÁS

Hay un sueño que hicimos realidad hace tres años; logramos construirlo ladrillo a ladrillo, haciéndole frente a tantas pesadillas. En el barrio Fiske Menuco, en Río Negro, logramos levantar nuestra primera defensa contra el hambre: el espacio para el merendero “Sueños Revolucionarios” y las ollas populares de cada semana. Un salón que edificamos a fuerza de voluntad, donde día a día cocinamos para más de 300 personas. Desde ahí un poco de solidaridad riega nuestra vecina María Crispina Muñoz, la responsable del merendero, junto con todas las compañeras que hacen posible mantener las ollas de pie.

Acá vemos que el techo gotea con cada lluvia y el agua se escurre por las paredes hasta hacer cortocircuito con los enchufes. ¡Y ahí estalla el primer peligro! Cocinamos en la precariedad, mientras seguimos reforzando cada pared a fuerza de voluntad, para tapar los baches de hambre que deja el Estado. Abrigadas con camperas y sin vacunas, con guantes y sin salarios, con los ovarios y los barbijos bien puestos, cocinamos para familias de hasta ¡12 integrantes! Madres, padres y adultos mayores que llegan para recibir su plato de comida. En cada esquina resuena el mismo eco: vecinas pidiendo para nueve personas, cuando son 11 en la casa y los adultos dejan de comer para que los más chicos llenen su panza; abuelos que se acercan pidiendo sólo para los nietos porque prefieren aguantar el hambre y que alcance para otros vecinos. Así es como nos estiramos para abarcar a más personas.

Sólo faltan 10 días para que «llegue» el invierno y entre a patadas dentro de nuestras casas, aunque ya se sienten las ráfagas heladas cuando prendemos el fuego en los anafes. Usamos por lo menos 15 garrafas por mes sólo para cocinar, cuando cada una cuesta 800 pesos, ¡son 12 mil pesos de gas! La leña no es una opción, debido a que la poca que llega la repartimos entre todos los vecinos que asisten, así pueden calefaccionar sus hogares y dormir menos preocupados; cuesta 2500 pesos cada semana y debemos ir a buscarla a casi 20 cuadras del barrio o pagar un flete de 1000 pesos. ¿Después de eso? No queda ni para comprar la leche o el pan. Sin embargo, la solución la tenemos a sólo 20 metros del comedor; 20 metros que nos separan del acceso a derechos básicos. Esa es la distancia entre la puerta del merendero y la red de gas natural de la localidad de General Roca, que permitirían que no gastemos más de lo que tenemos para cocinar o calentar nuestras casas, pero la gestión municipal no nos da acceso.

Como si fuera poco, también pasan los caños de agua y los tendidos de electricidad que podrían asegurarnos una vida digna dentro de nuestro barrio. El municipio ignora a la comunidad del Fiske Menuco: pedimos a gritos una solución a todas las mangueras congeladas que son el único acceso que tenemos al agua potable. Estamos cansadas del debate de cada día, porque no podemos sobrevivir eligiendo si pasamos hambre o frío.

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