1 junio, 2021
, Cocineras comunitarias

UNA VACUNA CONTRA EL HAMBRE

Vacunas esenciales 3

Nosotras no podemos parar. No es posible, por todas las problemáticas estructurales en las barriadas y porque más de 70 mil cocineras comunitarias en el país sostenemos 10 mil comedores día a día. Nosotras ponemos el cuerpo constantemente para que diez millones de personas no se queden sin comer, ¡un cuarto del país lo padecería! Sólo en La Poderosa somos 1700 cocineras en la primera línea de fuego, sin salarios ni vacunas, que preparamos el plato de comida para más de 40 mil vecinos de nuestras asambleas; Victoria Lía Navarro, a sus 55 años, trabaja sin sueldo en el comedor y merendero «Arrinconados Poderosos» de La Rinconada, Tucumán, cocinando con sus vecinas para 2620 personas por semana. Hoy ella está aislada por haber dado positivo: «Siento mucha preocupación porque hay gente que necesita ese plato de comida; gracias a la organización, pudimos resolver que otras personas se ocupen, porque cada vez son más familias con hambre».

Cuando murió Ramona, no existían vacunas, pero sí existía la falta de agua en gran parte de la Villa 31. Y en todo este tiempo perdimos a muchas compañeras que estaban poniendo el cuerpo; Patricia Tello era parte de un merendero en el Barrio Yapeyú de Córdoba y murió por coronavirus. Por eso, cuando decimos que Ramona nos está mirando, pensamos en vecinas como Elizabeth, que trabaja en el comedor de la comunidad cordobesa de El Sauce y por el covid tuvo que aislarse junto con el resto de sus compañeras. En todo este tiempo que precisan para reponerse y cuidar al resto, ¿quién asegura la comida de todas las personas que dependen de su trabajo? “Me duele en el alma pensar en los chicos, si tendrán para comer, porque nosotras no estamos pudiendo preparar la olla popular y la merienda. Intentamos que otras vecinas y vecinos ocupen ese rol, así entregan los bolsones para toda la comunidad”, dice Elizabeth, aunque sabe que esos bolsones no llegan a ser una solución completa, ya que muchas familias no tienen para comprar leña o una garrafa de gas para cocinar los alimentos.

Cada día más trabajadoras están aisladas: en Costa Azul, Santa Fe, hoy tenemos a otra compañera contagiada. Las que quedan deben cortar las verduras, cocinar y repartir todas las raciones, siendo pocas manos, ¡y la fila cada vez es más larga! Esta situación cuenta Nelly Jara, de 37 años, que vive en el Barrio Tongui de Lomas de Zamora y es parte del merendero “Mar de Fueguitos”, donde cocinan para más de 2 mil personas por semana. Ella está aislada, pero tiene compañeras y compañeros que mantienen de pie el merendero y se le quiebra la voz por el orgullo que le provoca: «La verdad que no tengo palabras para agradecerles, porque todos los días se acercan a las casas de quienes estamos enfermas para traernos la comida y para preguntarnos cómo nos sentimos. Esta organización popular asegura que ningún espacio alimentario deje de funcionar”.

Si nos contagiamos las cocineras,
¿quién va a cocinar?

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