17 agosto, 2021
, TIERRA

PAN PARA HOY, ENFERMEDAD PARA MAÑANA

Panazo UTT

En el mes de la tierra, las y los trabajadores de la economía popular salimos a gritar porque esto ya no da para más. Hace casi un año, en octubre del 2020, el Ministerio de Agricultura de la Nación aprobó la producción del trigo HB4, por parte de la empresa argentina Bioceres. Este tipo de semillas están preparadas para resistir de lleno a la sequía, pero para eso necesitan millones de litros de uno de los agrotóxicos más perjudiciales para la salud, que está prohibido en la mayoría de los países. ¿Cómo nos perjudica esto? Simple: todos los alimentos a base de trigo que llegarán a nuestras mesas, contendrán residuos de este agrotóxico.

La salud y el ambiente está en juego. El decreto publicado en el Boletín Oficial aclaró que autorizaba la producción del trigo HB4, pero no la comercialización hasta que Brasil, nuestro principal comprador, lo consintiera. Hoy, la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad de Brasil ni siquiera trata el tema, pero en nuestro país seguimos frente a un gran problema y así lo expone Agustín Suárez, integrante de la Unión de Trabajadores de la Tierra: “Ese trigo transgénico tiene dos componentes fundamentales por los que están intentando aprobarlo: es resistente a un herbicida que es el glufosinato de amonio y es resistente a la sequía. En poco tiempo los niveles de utilización serán similares a los del glifosato, y así se sigue profundizando el modelo agroexportador”.

Las alarmas de las familias productoras de alimentos, organizaciones sociales y ambientales, de Argentina y Brasil, están prendidas. Tan solo el año pasado se sembraron, en nuestro país, un aproximado de 6 mil hectáreas de trigo HB4, y se cosecharon y acopiaron unas 17 mil toneladas. Este año, la siembra no se detuvo: hay alrededor de 25 mil hectáreas de trigo HB4 en provincias como Buenos Aires, La Pampa, Córdoba, Santa Fe y Santiago del Estero. Sus efectos sobre la salud son aún inciertos, tal como explica Soledad Barruti, periodista especializada en la industria alimenticia: “La información que existe es la que provee la empresa, en este caso Bioceres. Nunca podremos saber cuán certera es esa información: sería importantísimo tener instituciones sin conflictos de interés que puedan controlar que la información brindada por las empresas sea adecuada. Al tener poca evidencia, es muy difícil rastrear la intoxicación a la que estamos siendo sometidos como sociedad. Es un envenenamiento cuyos efectos sobre las personas se terminan viendo muy a largo plazo: abortos espontáneos, enfermedades respiratorias y cutáneas, distintos tipos de cáncer, leucemias, presentes en todos los pueblos rurales de nuestro país”.

Si nuestro pan de cada día no es saludable, tampoco lo seremos nosotras y nosotros. Por eso, hoy amasamos el #Panazo nacional junto a la Red de Comedores por una Alimentación Soberana; estuvimos compartiendo pan, tortas fritas y otros alimentos, en rechazo al trigo transgénico en nuestro país. “¿Al servicio de quién están la ciencia y el desarrollo del Estado?”, se pregunta Agustín Suárez. “Necesitamos ponerlo sobre la mesa para no seguir profundizando el modelo agroexportador y perdiendo la soberanía alimentaria, es decir, el control sobre lo que queremos comer”. El #Panazo significa nuestro derecho a elegir, y lo vamos a defender.

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