3 junio, 2022
, NI UNA MENOS

DESPUÉS DE LA DENUNCIA, ¿EL SILENCIO?

Hay denuncias archivadas en instancias judiciales. Denuncias en curso que todavía no logran una acción de la Justicia. Denuncias que sólo habilitan botones antipánico totalmente insuficientes. Denuncias desestimadas porque los violentos son efectivos de las Fuerzas de Seguridad. Denuncias que no impiden la violación de medidas perimetrales. Denuncias que no abren la posibilidad de un sostén económico, psicológico o emocional para la víctima.

Úrsula Bahillo hizo 18 denuncias por violencia de género contra su ex pareja, Matías, quien terminó asesinándola. La última fue tras juntar coraje después de una charla con Belén, una ex pareja de él. Daiana Chazarreta también denunció a su ex, Antonio Jimenez. La familia de ella había intentado denunciarlo ocho veces después de que él le diera una golpiza que la dejó tirada al costado de la Ruta 9 en Santiago del Estero. Marilú Robledo realizó 24 denuncias por violencia contra su ex pareja, antes de que sus tres hijos de 3, 7 y 10 años tuvieran que presenciar su femicidio. La familia de Cecila Basaldúa todavía denuncia al verdadero femicida que la asesinó en Córdoba, pero la fiscal de turno se obstina en juzgar a otra persona. A Sabina Condori jamás se le cruzó por la cabeza denunciar, porque tenía 11 años cuando su femicida la interceptó mientras iba a comprar ají. Chiara Páez, con 14 años, tampoco llegó a denunciar a su novio porque no pensó que iba a ser asesinada a golpes por él en Santa Fe. Ni tampoco imaginó que su caso iba a impulsar la primera marcha bajo el emblema de Ni Una Menos.

A pesar de todo esto, denunciamos.

Así no sirve. Así no alcanza. ¿Cuántas veces vamos a tener que denunciar para que el Estado y la Justicia nos escuchen?

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