11 diciembre, 2022
, Historias de barro

HAY CAMPEONA EN VIRREY DEL PINO

Mariquena Salega tiene 28 años, es boxeadora profesional y vive en Virrey del Pino, La  Matanza. Entrena desde los 15 y nos cuenta que, sin esperarlo, encontró su vocación en el boxeo. Con tropiezos e intervalos fue construyendo su carrera. Tiene dos hijos de ocho y seis años, que son su fuerza y su más sólida compañía junto a su padre.

Durante la pandemia la llamaron para entrenar en la Escuela de Marcos “El Chino” Maidana: “Decidí que era una gran oportunidad para mí. Estuve ocho meses, pero me enfermé porque me pesaba dejar a mis hijos tanto tiempo. Aun así estoy agradecida, porque todas las chicas fueron grandes compañeras y solidarias. El boxeo me hizo conocer a grandes mujeres, no sólo deportivamente sino en calidad humana, como Marcela Acuña, ‘La Tigresa’, Clara Lescurat y Sabrina Pérez, entre otras”

Con el apoyo incondicional de su padre Omar, crearon el “Team Salega”, un gimnasio hecho a pulmón, que funciona como escuela de boxeo para niños de seis años en adelante.

“Vienen chicas y se me quedan mirando a mí, como yo miro a mis referentes. Es muy lindo. Nos gusta que vengan chicos y poder meterlos en este ambiente porque es sano”, contó con los ojos llenos de emoción.

Hay factores que hacen el camino cuesta arriba, como la economía. “A veces no puedo comprar todo lo que me piden. Tenés que tener una dieta, tomar suplementos y proteínas. como mamá, siempre voy a priorizar darle de comer a mis hijos. Aunque esto no me va a condicionar: lo voy a lograr igual”.

“Para la mujer todo es más difícil. Cobramos el 10 por ciento de lo que le pagan a un hombre por pelea y a pesar de tener mayor destreza, en algunos casos, no conseguimos tener estabilidad económica. Entrenar también se complica cuando tenés hijos, te tenés que repartir entre los horarios escolares y si se llegan a enfermar tenés que parar sí o sí”. 

“Quiero ser campeona del mundo. No solamente para ser reconocida, sino por el hecho de decir que lo logré, que llegué. A los que están persiguiendo sus sueños les digo que no los dejen.  Las palabras duelen. Un ‘no vas a poder’ duele más que un golpe. Me ha pasado. Pero hay que seguir, luchar y no desenfocarse”.

El apoyo colectivo no podía faltar, son los vecinos del barrio La Esperanza del km 38 y aledaños, los que la sponsorean: “Cuando debuté profesionalmente el año pasado viajamos a Catamarca. Mis vecinos vinieron a mi casa a saludarme, pero todavía estaba en viaje. Esas son las cosas que te alegran. La mayor recompensa es que los demás te hagan sentir que sos importante”.