24 marzo, 2023
, 24 de Marzo

“A LA DEMOCRACIA HAY QUE CUIDARLA, DEFENDERLA Y TAMBIÉN EXIGIRLE”

Desde hace 47 años, el 24 de marzo tiene un significado especial en nuestro país. Pero el 24 de marzo de este año tiene un sabor especial porque en 2023 se cumplen cuatro décadas ininterrumpidas de gobiernos democráticos en nuestro país. No es un dato más. Y por eso fuimos a buscar a Taty Almeida para nuestra nota de tapa de este mes. ¿Quién mejor que una Madre de Plaza de Mayo para hablar del valor de estos 40 años de democracia? 

Lidia Stella Mercedes Miy Uranga nació en Belgrano, Ciudad de Buenos Aires, el 28 de junio de 1930. Taty Almeida, en cambio, fue parida en Palermo el 17 de junio de 1975, el día en que su hijo Alejandro Almeida, 20 años, estudiante de Medicina y militante del ERP, fue desaparecido. Ella, Taty, lo dice así: “Yo estoy feliz de haber parido a mis tres hijos: Jorge, Alejandro y María Fabiana. Pero Alejandro parió a Taty Almeida”

Es que después de aquel 17 de junio de 1975 Lidia no volvió a ser más la misma. A partir de ese día, Lidia inició una transformación: supo que su hijo era estudiante, trabajador, amoroso y también militante y poeta; que algunas personas que ella consideraba “amigas” en realidad eran parte de un sistema de represión y muerte que ella jamás imaginó. Y cuando ya no tuvo más puertas para golpear porque todas se las cerraban en la cara y decidió a acercarse por primera vez a Madres de Plaza de Mayo, Lidia se volvió Taty.

–A partir de ahí, lo mejor que pude hacer fue empezar a compartir el mismo idioma con las Madres, compartir logros, otros no logros, pero fue lo mejor: compartir toda la trayectoria de Madres. Al principio había mucha ignorancia, ingenuidad… La mayoría pensábamos que por ahí ellos estaban presos, incomunicados en alguna cárcel, pero esa palabra no la conocíamos, no la utilizábamos: “desaparecidos”. No entraba, realmente. Hasta que tuvimos la certeza de que no solo estaban desaparecidos sino que además estaban muertos… Aunque políticamente jamás los vamos a dar por muertos: son detenidos-desaparecidos. Hablamos de desaparición forzada. Hasta no saber quién y cómo dio la orden, dónde están los restos. ¡Dios mío! El dolor ante la pérdida de un hijo no tiene nombre, no se ha encontrado. Uno dice “huérfana”, “viuda” y sabe de qué está hablando, pero no hay palabra que defina lo que es dolor por la pérdida de un hijo. Y en nuestro caso, ni siquiera sabemos dónde están los restos. No tenemos dónde dejarle una flor, dónde rezarle. Y siempre digo lo mismo: no me quiero ir sin antes poder, aunque sea, tocar los huesos de Alejandro. Y no pierdo las esperanzas, porque los antropólogos forenses (del Equipo Argentino de Antropología Forense) han encontrado y siguen encontrando tantos restos y los han devuelto a las familias. La lucha de las Madres ha sido fuerte. Nunca hemos bajado los brazos, ni siquiera cuando desaparecieron a nuestras tres queridas madres: Azucena Villaflor, la fundadora de Madres de Plaza de Mayo; Esther Careaga y María Ponce. 

Taty Almeida, la referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, la incansable militante por los Derechos Humanos, la preciosa mujer de 92 años, desde entonces no paró de luchar. Nunca más. Dos semanas antes del 24M y pocos días después del 8M, nos recibió en su departamento sin dudar ni un instante. No costó nada pautar el encuentro: respondió por Whatsapp de inmediato, se mostró divinamente dispuesta a charlar con nosotros, y el día de la cita, en medio de la peor ola de calor porteña de los últimos 60 años y con una agenda apretadísima de compromisos, nos respondió todas las preguntas, se sacó todas las fotos, firmó a favor de nuestro proyecto de ley por el salario para las cocineras comunitarias y nos contagió de una energía vital increíble. ¡Tiene 92 años y no para! Como ella misma lo dice a quien quiera –y también quien no quiera– escucharla: “A pesar de los bastones y las sillas de ruedas, las locas seguimos de pie”. Por eso, en este 24 de marzo tan especial, cuando se cumplen 40 años de democracia pero también cuando a veces pensamos que algunos problemas no tienen solución y otros ni siquiera son considerados problemas, necesitábamos volver a escuchar su voz, la voz de una Madre con mayúscula: una Madre de todos nosotros, todas nosotras. Con ustedes, Taty.

–¿Cuál es la primera reflexión que te surge cuando caés en la cuenta de que en diciembre se cumplirán 40 años de democracia ininterrumpida?

–¡Realmente! ¡40 años de democracia ininterrumpida! Por supuesto, hemos tenido gobiernos que más vale ni nombrarlos… y que no vuelvan. Porque la democracia también dejó mucho que desear. Realmente fue trágico el gobierno de (Mauricio) Macri, la manera en que ofendía, entre otras cosas, la memoria de nuestros hijos, cómo nos ofendió a nosotras. No sé si recordarán uno de sus primeros discursos, cuando dijo: «Ahora se les termina el curro a los organismos de Derechos Humanos”. ¡Mirá quién habla de curro! Pero gracias a Dios seguimos en democracia. La necesitamos y tenemos que cuidarla, defenderla y también exigir. No pedir: exigir una democracia sin presos ni presas políticas. No puede ser. El caso palpable es Milagro Sala y sus compañeres. Pero lo principal es defender la democracia que nos costó tanto, mucha sangre. Costó 30.000 agujeros; entre ellos, mi hijo Alejandro Martín Almeida, que tenía 20 años cuando lo detuvieron y desaparecieron, en el año ’75, antes del golpe cívico-militar-clerical. Tengamos memoria. Soy católica, pero que le caiga el sayo a quien le caiga. Este genocidio tremendo que ocurrió al país costó vidas, exilios, exilios internos también. Por eso hay que tener memoria, una de las patas de nuestra lucha: Memoria, Verdad y Justicia. Justicia legal, jamás por mano propia. Y ahí estamos las Madres, que en estos 40 años sentimos que hemos sido reconocidas.

–Mencionaste a Macri y la pregunta cae sola: ¿cómo se lucha contra los discursos negacionistas que, aunque en este momento no se difunden desde el gobierno, igual circulan y crecen?

–Sabés qué pasa: Macri nunca se imaginó la muralla de resistencia que se iba a encontrar. Este “iluminado” se creyó que “Ahhh, las Madres”… ¡Son 46 años de lucha inclaudicable! Hicimos la Marcha Federal, ¿se acuerdan? La marcha de ese 24 de marzo que explotó la Plaza, las marchas por Santiago Maldonado, la que se opuso al 2×1 (que un fallo de la Corte le daba al represor Luis Muiña)… Se creyó que él podría, pero de ninguna manera: no bajamos los brazos. Es lo que tienen que hacer los jóvenes, lo que hacemos y decimos las Madres desde hace 46 años: la única lucha que se pierde es la que se abandona. 

–Hagamos un poco de memoria. ¿Qué recuerdos tenés de la Taty de 1983?

–Con el doctor (Raúl) Alfonsín tuvimos la esperanza enorme cuando hizo el juicio, el que ahora contó la película (de Santiago Mitre) Argentina 1985, con la que estuvimos cerca de ganar el Oscar. Porque hay que rescatar que fue un juicio único en el mundo: fue la primera vez que civiles juzgaron y condenaron a militares. Algo único, realmente. Por eso esta película es tan importante para todos, y para los jóvenes, sobre todo. Porque cuando vimos que ocurrió aquello, dijimos “al fin empezamos a respirar”. 

–¿Siempre tuviste esa misma mirada sobre el juicio a las juntas o es algo que hoy ves así pero entonces lo entendías de otra manera?

–Siempre, las Madres Línea Fundadora siempre rescatamos ese juicio. 

–¿Y te parece valioso en ese sentido el aporte de la película?

–Ufff, claro. Sobre todo para los jóvenes. Mi hija, por ejemplo, no conseguía entradas. Porque a nosotras, la productora nos hizo una función especial para todos los organismos… ¡Y fue tan fuerte! Ver a varias Madres que están en sillas de ruedas yendo al cine… Y nos empezamos a acordar… Esas dos que se ven en la película, con el pelo blanco: una de ellas es María Adela Gard de Antokoletz, y la otra es Laura Bonaparte. Son las dos únicas Madres que pudieron entrar al juicio. Lamentablemente en la película no tomaron lo que pasaba afuera, que estábamos todas, con parlantes. ¡Y cuando fueron condenados! ¡Nos abrazamos, lloramos! Es una pena que eso no salió. Pero sí, desde ya: apoyamos totalmente en ese momento. Después, ya se sabe: apremiado por los militares, Alfonsín dictó las leyes de impunidad y nos mató. ¿Y qué hizo ese otro “iluminado” riojano que no nombro por razones obvias? (Se refiere a Carlos Menem.) Apenas asumió como presidente, a todos los dejó libres: ¡perdonó y absolvió a los pocos que habían sido condenados! ¡Algo increíble! Y este personaje pensó en tirar abajo la ex ESMA y hacer el Gran Parque de la Reconciliación. ¡¿Qué reconciliación?! Ni olvido ni perdón. Cárcel común y perpetua para todos. Por supuesto que no logró tirarlo porque salimos todos. Y siguieron pasando los presidentes, ninguno nos hacía caso, pedíamos justicia y anulación de las leyes, pero nada. Hasta que llegó nuestro otro hijo: Néstor Kirchner. Él mismo reconoció que se sentía hijo de Abuelas y de Madres. Fue el primer presidente que nos escuchó y tomó los Derechos Humanos como política de Estado, no de un gobierno sino de un Estado presente. Y gracias a la lucha inclaudicable, se anularon las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, y pudimos seguir juzgando y condenando en la Argentina. La misma política de Estado que siguió Cristina Kirchner. O sea que fueron 10 años de tranquilidad, en los que nadie ofendió ni a nuestros hijos ni a nosotras. Después, ya sabemos: vino la primera pandemia y así entregaron al país, como tierra arrasada. Y así hemos continuado y seguimos porque la lucha no se termina. Además, con esta derecha que está avanzando en el mundo, con ese odio que demuestra tener… Miren lo que quisieron hacer con Cristina, con esta Justicia que no es justicia, que hacen como que ya pasó y no siguen investigando. Por eso: está bien, estamos en democracia, pero tenemos que defenderla, cuidarla y trabajar mucho para que cambien muchas cosas. Quedamos pocas Madres pero están ustedes, esta juventud fantástica que de una u otra manera hace memoria, por ejemplo con esto, que después lo cuentan, lo publican. Todo es memoria. Y nosotras, nosotros, nosotres no sembramos odio, de ninguna manera. Sembramos mucho amor con mucha firmeza, y con eso demostramos que no nos han vencido ni lo van a lograr. Mientras las locas continuemos y estemos apoyadas por los jóvenes, vamos a seguir sin bajar los brazos. 

–Un reclamo de las Madres que volvemos a hacer nuestro cada 24 de marzo es que se abran los archivos de la dictadura. Después de casi 40 años, ¿qué indicios hay de que esos archivos todavía existen y que no fueron destruidos? ¿Es por falta de voluntad política que seguimos sin conocerlos?

–Es la pregunta del millón. Se ha investigado mucho. ¿Existen? No sabemos, pero siempre se dice que los genocidas todo lo firman y guardan. Hace poco, la Iglesia aportó sus archivos de la época. Por primera vez. Lo que sinceramente yo no sé todavía, y me tienen que informar bien, es el contenido. Todavía no estoy enterada, sobre qué se ha aportado con esos archivos, pero vaya que la Iglesia sabrá. Lamentablemente, la cúpula de la Iglesia fue cómplice total con la dictadura. No obstante, tenemos a monseñor (Enrique) Angelelli, los Padres Palotinos (los sacerdotes Alfredo Leaden, Pedro Duffau y Alfredo Kelly y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti). Como decía Angelelli: “Una oreja en el Evangelio y la otra con el pueblo”. Pero en general la cúpula nunca nos recibió. Y de ahí el origen del pañuelo. ¿Saben el origen del pañuelo? 

–Sí, ¡pero contanos igual!

–Vieron que todos los años hay una gran peregrinación a Luján (provincia de Buenos Aires), adonde está la Basílica de Luján y la Virgen de Luján, que es la Patrona de la Argentina. Todos los años van miles de personas caminando y también va la jerarquía eclesiástica, las autoridades máximas de la Iglesia. Entonces, por los años 80, cuando se iba hacer esa gran peregrinación, se decide ir a Luján. Pero claro, entre miles y miles de personas, ¿cómo nos identificábamos? Entonces alguien dijo: “En unos palos ponemos trapos blancos y empezamos a hacer señas”. Y una Madre dijo: “Perfecto, pero además nos ponemos los pañales de nuestros hijos”. Porque, para que sepan los jóvenes: antes no había pañales descartables; eran de gasa, se usaban, se lavaban y se volvían a utilizar. Y muchas Madres los habían guardado de recuerdo, así que esos pañales que en su momento sirvieron para cuidarlos cuando eran bebés, después nos los pusimos para pedir por la vida de ellos. Esa es la historia de los pañuelos blancos. Las Madres, nosotras, las Línea Fundadora, siempre pedimos por los 30 mil, pero además le pusimos nombre y apellido al pañuelo, porque nuestros hijos no podían seguir siendo NN. Por eso, cada una le pone el nombre y el apellido de su hijo para que se sepa quién es el desaparecido. Y nos han copiado en el mundo. Yo estuve hace muchos años en Turquía con las Madres turcas, pobrecitas, que han hecho una masacre con sus hijos. Y me decían que nos habían copiado, pero poniéndose pañuelos negros. Me contaron que se paraban adelante de la Casa de Gobierno y reclamaban, y entonces le dije: «Lleven las fotos, tienen que ver las caras”. Y a partir de entonces, lo hacen. Esa es la misión que tenemos; sobre todo antes, cuando viajamos por todo el mundo y tuvimos el reconocimiento. Aunque, modestia aparte, acá en la Argentina es el único lugar del mundo donde estas locas nos juntamos y todavía algunas seguimos. Por supuesto, no hay que olvidarse de los Padres de Plaza de Mayo. Muchos padres nos acompañaban a la Plaza. Lo que pasa es que, sobre todo en esa época, en general el que trabajaba era el hombre, y si lo veían ahí, lo echaban. Y si lo echaban del trabajo, ¿cómo se comía? Además, las madres sabemos lo que es llevar 9 meses en la panza a un hijo para que nos los saquen de esta manera. 

–Pasó otro 8M, el Día de la Mujer Trabajadora, otra vez hubo marchas masivas en todo el país con los mismos reclamos y también nuevos, y en ese sentido las Madres son un ejemplo para nosotras y para todas las mujeres del mundo. ¿Cómo te sentís respecto al movimiento feminista que creció tanto en los últimos años?

–Hoy hay cantidad de mujeres en los medios, en los ministerios… es importante todo lo que hemos logrado las mujeres. Por eso al ver y escuchar todos los logros que hemos tenido, pregunto ¿quién dijo que somos el sexo débil? ¡Por favor! Miren ustedes a todas esas chicas con los pañuelos verdes, la Ley del Aborto: eso fue algo maravilloso, esas chicas que sabían lo que pedían. En su momento, como institución no dimos nuestra opinión porque había Madres que no estaban de acuerdo. Pero bueno, cuando me entrevistaban, yo decía: “Justamente porque amo la vida, es necesaria la ley de aborto. Porque si no, la que tiene dinero puede y la que no, se muere”. Así que felicité a esas chicas que se la jugaron hasta que se logró. Soy una admiradora de las mujeres. Y a pesar de que en mi matrimonio me fue como el diablo, soy defensora de la pareja. La pareja: ni adelante ni atrás, pareja. Y me importa un cuerno si es hombre y mujer, hombre con hombre, o mujer con mujer.

–En el documental La memoria de Taty, que el año pasado ganó un premio, contás una anécdota muy conmovedora de los años de la resistencia al Punto Final: la del momento en que te encontraste en Ciudad Universitaria con dos ex compañeros de Alejandro. ¿Seguís en contacto con ellos? ¿Qué pudiste reconstruir de la historia hasta entonces desconocida de él a través de sus compañeros de militancia? 

–Cuando hicimos esa marcha impresionante contra el Punto Final, las Madres fuimos a Ciudad Universitaria para invitar a los estudiantes a que asistieran a la marcha. Nos presentamos de a una y en eso vienen dos muchachos que me abrazan y lloran, y me dicen: “¡Sos la madre de Alejandro! ¡Por él estamos vivos! Él sabía nuestros nombres y direcciones y no habló, por eso nos pudimos exiliar. Así que ahora estamos de vuelta”. Y uno además me dice: “A mi hija le puse Alejandra”. Y otro que vive en Suiza le puso Alexander a su hijo. Me contaron que Alejandro los marcó. Y sí, con ellos me sigo hablando y ha sido muy lindo porque por ellos vinieron otros que me han contado un montón de cosas sobre la militancia de Alejandro. Y todos dicen lo mismo: “¡Qué cariño que sentía por vos!” Bueno, en una de esas poesías que escribió Alejandro y que descubrí en ese mueble (señala una cajonera antigua), una dice que lo voy a encontrar a él en sus compañeros. Son poesías que tardé como 30 años en publicarlas porque para mí, eran de Alejandro. Pero después las Madres hemos comprendido que nuestros hijos pertenecen a la Historia, y hay que demostrarlo y compartirlo. Y en mi caso, qué mejor que a través de la poesía. Y así fue que las hemos editado y presentando en Chile, en España, en Italia, en muchos lugares, acá ni les cuento. Y lo que ocurre es no pueden creer que Alejandro, con 20 años, haya escrito lo que escribió. 

Taty se entusiasma y se emociona cuando habla de Alejandro como poeta. Es una faceta de su hijo que la tomó por sorpresa y que la enorgullece tanto como el compromiso y la militancia que pueden sentirse en cada línea de esos 24 poemas. Taty los lee una y otra vez, y es imposible no emocionarse. En entrevistas anteriores nos contó cómo fue que dio con esos escritos maravillosos, ahora lo vuelve contar y nos volvemos a conmover. 

Pero como referente ineludible de los Derechos Humanos, su lucha no se restringe al pasado: Taty está al tanto de lo que pasa en las calles y asume una posición. Por eso también la vinimos a ver: para que con su mirada nos ilumine y nos ayude a pensar.

–Pasemos un poco a la actualidad. ¿Cuál es la opinión de Madres Línea Fundadora, como organismo de Derechos Humanos, sobre el uso de las pistolas Taser por parte de las fuerzas de seguridad?

–Bueno, no solamente de las Madres. Nosotras, como organización, hace ya varios años que formamos la Mesa de Organismos de Derechos Humanos, donde estamos Madres, Abuelas, Familiares… Son 13 organismos. Y todos, en el momento en que (Patricia) Bullrich salió con eso, nos opusimos. Y seguimos en contra. Es un arma letal, y eso se ha comprobado. Estamos en contra de que se compren, aunque ya se han comprado. 

–Sabés que este 8M, desde nuestra organización lanzamos una campaña para impulsar un proyecto de ley para el reconocimiento salarial de las cocineras comunitarias. ¿Contamos con tu apoyo?

–¡Por supuesto que voy a firmar, y las apoyo con todo! Y si necesitan hablar con diputados o senadores, con todo gusto. ¡Las ollas también son Memoria!

–¡Sabíamos que contábamos con vos! Y para cerrar: ¿cómo lo ves este año electoral? ¿Qué te gustaría que sucediera o que no sucediera?

–Lo único que digo es que, cuando se vaya a votar, se vote con memoria. Que se sepa ya no quién es el adversario sino quién es el enemigo. Porque los negacionistas, todos estos fachos, realmente son espantosos. ¡Tengan memoria! Defendamos un gobierno nacional y popular; con sus defectos, pero que se puede mejorar. Es lamentable cómo está avanzando la derecha en el mundo. Así que por favor: votemos con memoria.

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