29 noviembre, 2023
, Violencia Institucional

«DANOS FUERZA, RAFITA»

Por el asesinato de Rafael Nahuel, en Río Negro en 2017, fueron condenados los prefectos Sergio Cavia, Francisco Javier Pintos, Carlos Valentín Sosa, Juan Ramón Obregón y Sergio García bajo la carátula de “exceso de legítima defensa” a tan solo 4 y 5 años.

Días posteriores al asesinato de Rafita, pudimos charlar con Adrián Oyarzo, su primo, para que nos cuente de Rafita:

«Lejos, muy lejos de las típicas postales barilochenses que muestran gente divirtiéndose en la nieve o tomando chocolate caliente, en nuestro querido barrio Nahuel Hue, donde vivo yo, donde vivía mi primo, también conviven el hambre, el frío y la discriminación. A Rafa le encantaba esquiar, pero sólo se podía dar el gusto cuando pegaba algún boleto gratis por asistencia social.

Gamba, más gamba que ninguno, mi primo siempre se las rebuscaba para zafar. Descargaba camiones de verdura desde la madrugada y sabía una banda de herrería, carpintería y albañilería, por los talleres de oficio del barrio. Gracias a eso, él hacía chulengos y salamandras para vender y ahí también empezó a comprender la lucha del pueblo mapuche, reconectándose con sus raíces, pobladores de este suelo más antiguos que los gringos y esos papeles que compran para simular que la tierra les pertenece.

Quienes las trabajamos somos nosotros, siempre, los pobres.
Y quienes morimos también, siempre, los pobres.

Ya no podemos permitir que la sociedad siga consumiendo las mentiras de los grandes medios, que presentan a mi primo y a la Lof Lafken Winkul Mapu como violentos armados, cuando sus uniformados estaban preparados para la guerra, con el fin de llamar “enfrentamiento” a otra masacre. No existió ningún «combate»: tiraron a matar, mientras mi Rafita corría desesperado de sus balas.

No pudo zafar, esta vez.
Y lo mataron por la espalda.

Por eso, por él, por mí, por nosotros y por ustedes, les pido a quienes lleguen a leer mis palabras que por favor nos unamos en una misma voz, hasta que podamos conseguir justicia y frenar esta ola de cacerías humanas en las comunidades.

Y ahora más que nunca, todos para el mismo lado.
A mi primo lo mataron, lo mató el Estado».

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