21 noviembre, 2019
,

Espacio cooperativo, nuestra casa

 

¿Sabés qué pasa en el Bauen?
No, no nos referimos a la sentencia de desalojo que está firme desde 2007 con constantes amenazas, tampoco al veto del presidente Mauricio Macri en 2016 con un Decreto de (in)Necesidad y Urgencia que eliminó en un minuto la Ley de Expropiación conseguida con años de mucho pero mucho esfuerzo. O sí, también.
No queremos explicar las constantes amenazas, aprietes y chicanas que reciben a diario quienes ponen la cabeza y el cuerpo, con consignas en la puerta, clausuras espontáneas, quita en subsidios para servicios con precios desmedidos, suspensión de actividades y mucho menos la nueva orden de desalojo para el 2 de diciembre. No pasa eso en el Bauen. O sí, eso también.

 

¿Sabés realmente qué pasa en el Bauen?
Tratamos de explicarles que se trata de nuestra casa. Intentamos que dimensionen la situación de esos 200 puestos de trabajo que pueden perderse en un abrir y cerrar de ojos y que insisten en posibilidades de rebuscárselas para pagar cada cuota de los servicios impagables que nos deja el tarifazo. Buscamos que sean también parte de este espacio colectivo, donde nos encontramos a diario compañeras y compañeros que luchamos por cambiar esta realidad. Deseamos que puedan hacerse carne de 16 años de una incansable lucha autogestiva. Abrimos las puertas de la comunidad que construimos quienes día a día habitamos el espacio cooperativo que nos une de este lado de la vereda.

 

El macrismo se va,
el Bauen se queda.

 

 

“Soy parte del Bauen desde el ‘95, estuve en el momento de la quiebra, la reorganización y cuando tomamos el edificio, pasé por toda la historia de resistencia de este hotel. Así que imagínense lo que siento ante esta situación horrible que estamos atravesando. De verdad, estamos muy preocupados porque tememos perder nuestro laburo y tanta historia. Vemos la desesperación que tiene la gente para conseguir trabajo hoy en día y acá estamos peleando por mantener el nuestro. A pesar de todos los golpes que recibimos, mantenemos las esperanzas y seguimos firmes para continuar, ya que no podrán dejarnos en la calle sin nada. Hoy solo tenemos una opción: seguir luchando». Jorge Galleguillo, conserje.

 

 

«Nos basamos en el compañerismo y eso hace que el hotel no sea únicamente una fuente de trabajo. Vamos ocupando distintos roles cuando es necesario. Hoy estamos luchando para que esto siga adelante, porque si se cae habrá un montón de familias que quedarían en la nada. Por eso resistimos como si fuera el primer día. Yo estoy realmente muy mal, me resulta hasta insólito que ante esta la situación económica nacional quieran sacarnos nuestra fuente de trabajo. Yo hace 16 años que trabajo en el bar y hace 16 años que lucho por este espacio”. Raquel Holgado, trabajadora del bar.

 

 

“Empecé a trabajar acá en el ’81, con un patrón que nos decía todo. En el ’99 me despidieron. Cuando los compañeros recuperaron el Hotel, yo decidí volver, aunque confieso que me costó mucho después de todo lo que habíamos vivido. Realmente, no nos merecemos estar pasando por esta situación, pusimos mucho de nuestro esfuerzo, hicimos muchos sacrificios, pasamos días y noches con frío, con hambre, para poder mantener el trabajo acá. Cuando los dueños se fueron desmantelaron todo, así que lo tuvimos que levantar desde cero. Había gente que nos ayudaba con lo que podía, y compañeros que no tenían ni para comer. Toda esta historia nos hace defender con más fuerza lo que es nuestro”. Liliana Guzmán, encargada de la confección de ropa del hotel.

 

 

«Justamente hace cuatro años trabajo en el Bauen. En este tiempo todo pasó a costar el doble, incluso subsistir. Acá también se nota: llega menos gente al hotel, o quienes están, buscan ahorrar todo lo posible. Y da bronca, porque Macri peleó más para su lado que para los pobres y entonces, uno se rompe el lomo todos los días porque no se puede hacer otra cosa. Seguiremos trabajando firmes, queremos transformar la realidad y pelearemos para mantener lo que construimos durante tanto tiempo”. Emanuel Soria, trabajador de limpieza.
“Entré a la cooperativa en el 2003, había trabajado en el hotel muchos años antes, hasta que me despidieron. Pero en cuanto me enteré que el edificio estaba tomado por sus trabajadores vine a ayudarlos y a ver qué necesitaban. Luego me terminé incorporando al grupo y aquí estoy, hace 16 años. Para mí y para mis compañeros, que dimos la vida para sacar esto adelante, esta cooperativa es una familia gigante. Además, no es solo para o por nosotros, se trata de un espacio para toda la comunidad. Nuestras puertas siempre están abiertas para el pueblo, las organizaciones sociales, cooperativas, proyectos nuevos. Entonces ¿cómo no vamos a defender nuestra casa? A mí me encantaría que los funcionarios, lejos de echarnos, reconozcan todo lo que hemos puesto acá”. Elsa Vera, ama de llaves.

Relacionadas