28 abril, 2010
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Sin excusas

No hay excusa.La máquina mediática comenzaba a enfriarse porque era viernes 23, porque el frío se comía los últimos recuerdos del verano y porque la otra máquina, la encargada de apilar mentiras, parecía haber llenado todos los estantes. Faltaba olor a mierda, faltaba chatarra que hiciera funcionar a la manija generadora de falsas noticias y el final parecía inevitable. Pero, como siempre, alguien apareció para salvar la tarde y embarrar las páginas de los diarios del día siguiente: la médica Hilda Molina presentaba su mamarracho hecho libro, “Mi verdad”, en la Feria del Libro. Eso era tapa.

Como si lo hubiera ensayado desde antes, como si todo lo tuviera calculado, su primera frase cayó con forma de título: “En Cuba no toleran al que piensa distinto”. Al compás, algunos periodistas empezaron a frotarse las manos para exprimirle la mayor cantidad de grasa a cada una de las palabras que la médica escupía. No quedó ahí. Siguió escupiendo: “Pido un pensamiento y una oración para las Damas de Blanco de Cuba”.

Mentira.Al ritmo de las provocaciones que bajaban del escenario, un grupo de militantes de distintos espacios se aburrió de escuchar todo ese conjunto de mentiras y empezó a preguntarle sobre cada uno de los puntos de su libro y de sus dichos hasta llegar al límite en donde el barullo de palabras de la oradora no alcanzaba para esconder lo que hay detrás de esa prédica: Molina, las Damas de Blanco, la tribuna que aplaudía las palabras de la médica, los buscadores de chatarra y toda la mierda con olor a yanqui juegan un mundo para unos pocos donde la exclusión social es bandera y el hambre es una herramienta. Para ese mundo, está claro, Cuba sobra.

Pero no, previsiblemente Molina no explicó nada, sino que rápido juntó sus cosas, cerró el debate y saludó al micrófono: “Agradezco a mis amigos por venir”. La sala de la Feria se dividió en dos y la popular que cuestionaba a Molina comenzó a cantar: “Vos estás con Pando, nosotros con Fidel”. Nadie de la hinchada que defendía a la médica se animó a negar la afirmación de ese cántico y respondió con un “Argentina, Argentina”, representando ese país y esa idea tan mezquina como excluyente que Pando, Videla y Macri, entre muchos otros, defienden incansablemente: su Argentina, la de unos pocos.

Gusano.No terminaba la charla cuando el diario La Nación ya comenzaba a titular “Hilda Molina no pudo hablar en la Feria del Libro” y Clarín decía “Violento escrache a la cubana Hilda Molina”. La manija generadora de mierda ya tenía chatarra de sobra para que todo funcionara. El viernes ya no era tan frío, había barro de sobra. A Molina, quien llegó a la Argentina hace menos de un año exigiéndole al gobierno cubano que la dejara ver a su madre enferma,  la camiseta del show nunca le quedó grande y todo lo que supuestamente extrañaba a su madre se esfumó en el aire: un día después de su llegada ya estaba en la Gran Mesa de los Argentinos compartiendo el almuerzo con Mirtha Legrand. Al igual que las Damas de Blanco, constantemente, colabora con su tiempo para embarrar la ya embarrada prensa mundial, para desestabilizar al socialismo cubano y para hacer base en lo peor de la gusanada de Miami, una masa definida en contra de la igualdad social.

El 19 de abril Fidel advertía en su texto “La hermandad entre la República Bolivariana y Cuba” que una clara muestra de las políticas internacionales del imperialismo norteamericano era que “la inmensa mayoría de las personas honestas de la Tierra no tienen posibilidad alguna de dar a conocer sus opiniones, ni de recibir informaciones fidedignas”. Una vez más, fue filoso y certero en sus comentarios. Y eso que todavía no estaba enterado de Hilda Molina y su libro…

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