29 abril, 2013
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Grietas de gestión

Hace un año, un diluvio y la negligencia del macrismo asesinaron a Facundo, un chiquito de 13 años que murió en su casa, aplastado por la caída de un árbol que su mamá había denunciado. Al valor irrecuperable de esa vida perdida, se sumaron otras nefastas consecuencias, que aún abordan con notable indiferencia. Sin buscar roña, pasamos en limpio el ejemplo de Sonia, a quien el temporal le provocó una gran rajadura en la pared, que ha devenido en ventana, para que amanezca mirando al Riachuelo cada mañana… Aunque reclamó y reclamó frente al Instituto de la Vivienda, la respuesta oficialista no fue ni una enmienda: “Lo que podemos hacer es darte un subsidio habitacional de 1.200 pesos, para pagar un alquiler, pero en la nueva casa sólo pueden entrar tu marido y un menor”. O sea que Sonia debería deshacerse de tres hijos y siete nietos, para tener derecho a un lugar en el mundo, sin morir aplastada como Facundo. Sería gracioso, si no fuera tan penoso.

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