28 junio, 2014
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El Patrón del Bien

* Por Santiago Escobar, hermano de Andrés.
escoAnte todo, gracias Garganta, por permitirme mantener vivo el recuerdo de mi hermano. Yo sigo en Medellín y, como siempre me pasa en las épocas de Mundial, me encuentro atravesado por las sensaciones más intensas. Tristeza y nostalgia, por supuesto, pero también alegría, por ver cómo lo siguen recordando al Andrés, 20 años después de su asesinato. En cada esquina, aquí veo camisetas con su nombre o tatuajes con su cara. Y esa demostración de cariño sopesa los momentos de mayor desolación por su ausencia.

Para todos nosotros, estas dos décadas fueron muy difíciles de transitar, por todo este dolor que tan sólo podemos contrastar con su legado, ése que sigue intacto y cargado de respeto, transparencia, honestidad y humildad.

Ya todos lo saben. Andrés era una persona sencilla, auténtica, un hombre sin apariencias, al que le gustaba ayudar a los demás. Generoso, carismático, excelente hermano, gran amigo y siempre tan profesional… Para resumirlo, era un hombre demasiado humano.

A los dos nos tocó nacer en una clase media sin lujos, cuya mayor riqueza fue la educación que nos brindaron nuestros padres. De ellos, Andrés aprendió lo esencial para la vida, que hoy se manifiesta en cuánto lo quieren los niños, los adultos y los ancianos. Pues mi país ha evolucionado mucho, tras el asesinato de mi hermano, aunque la violencia y la intolerancia sigan existiendo.

¿El crimen? El crimen se debió a que una familia creída dueña del mundo, llena de negocios oscuros, atentó con su vida diez días después de que hiciera el autogol ante Estados Unidos; eso le valió la muerte. ¿Por qué? Porque ellos creían tener todo el poder, y en parte lo tuvieron: el obrar de la Justicia fue lamentable. Y el autor material debía pagar con 43 años en la cárcel, pero en 2005 quedó en libertad, mientras que los autores intelectuales fueron sentenciados sólo por encubrir el hecho, y con una fianza mínima salieron a la calle. Por eso, al igual que toda mi familia, me aferré a la Justicia Divina, que es más importante.

Como él, yo también amo profundamente al fútbol, tanto que actualmente soy el técnico del Once Caldas en mi país. Pero el Mundial, desde aquel día, tiene un sabor agridulce para mí. Si bien intento vivirlo con mucha pasión, por lo que representa el juego y porque la Selección puede darle alegrías grandes a nuestro pueblo, también lo vivo con tristeza, sin lograr abstraerme de lo que pasó.

¿Más claro? Yo sigo viendo a mi hermano, cada vez que juega Colombia en Brasil.

Y sí, justamente porque lo conocí demasiado, sé que Andrés sería el hombre más feliz del mundo con la Selección que hoy saldrá a la cancha. Sin dudarlo, puedo afirmar que él está haciendo fuerzas, desde donde sea que esté, orgulloso de este plantel, al que seguro felicitaría, sin pedirle nada más.

A ustedes, sí. A ustedes, les pido yo. Por favor, no lo olviden.

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