1 julio, 2016
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El grito del «grillo»

Por Karina, mamá de Saúl y referente del merendero poderoso de la Villa 31.

 

¿Dónde estás, Saúl? ¿Dónde estás, hijo? ¿Dónde estás, Pibe Piola? ¿Dónde está ese sonido, «cri cri»? ¿Dónde quedó tu sonrisa?

 

Hace dos años, un 4 de mayo, partiste de este mundo hacia un viaje sin retorno. Tan sólo tenías 19 años, pero seguías siendo mi bebé. Tus amigos extrañan llamarte “el grillo”, apodo que te pusieron porque en la esquina donde estás inmortalizado en un mural, te la pasabas rapeando y haciendo ese inconfundible sonido del grillo.

También jugabas al rugby y allí te llamaban «El Pibe Piola», por la alegría que transmitías y porque nunca pensabas sólo en vos. “Si yo tuviera plata, mamá, se la repartiría a todos”, me decía siempre. Pero como no teníamos, muchas veces que venía a comer con sus amigos después de rapear, sólo podíamos tomar un té con pan.

 

Preferías no comer a que alguno de los pibes pasara hambre. Y siempre estabas dispuesto a ayudar. Dabas una mano en los talleres de fútbol de La Poderosa y fuiste vos quien me convenciste de que éste era nuestro lugar. Y así empecé a militar. Por vos, por mi Villa 31, por los pibes.

 

¿Cómo aguantar el dolor por tu pérdida? ¿Cómo soportar tu ausencia si fuiste vos el que me enseñó tantas cosas? No se puede explicar, no me salen palabras que puedan describir tanta angustia. Lo único que puedo decirte es que me enorgulleciste cada día, y lo seguís haciendo.

 

En tu memoria pude transformar la desesperación en fuerza y hoy me alegra contarte que desde el pasado 20 de junio empezó a funcionar el Poderoso Merendero Saúl, que ilumina el barrio con tu nombre. Aunque por ahora sólo funcione martes y jueves, para mí es un sueño cumplido que 63 niños reciban una chocolatada caliente con galletitas o un budín, con la convicción de que vamos a crecer y así poder brindarles a los chicos mucho más. No vamos a parar hasta que funcione todos los días y quién te dice, hijo mío, que hasta podamos tener un comedor.

 

Hoy, te veo en la sonrisa de cada nene al recibir su merienda, sonrisas que me devuelven la mía y me llenan de energía. Acá estás, Saúl, en la canchita de Bichito de Luz, en cada pibe que juega al rugby, al fútbol, en cada uno de tus amigos que siguen rapeando en la esquina, en nuestros corazones, para siempre.

 

Jamás te vamos a olvidar. Vamos a cuidar y amar este merendero con la misma intensidad con la que mi corazón te ama, por vos y por cada pibe de nuestro barrio. Gracias a mi Asamblea, a mis vecinas, a todos los que nunca me dejaron caer y que pusieron su granito de arena para cumplir este anhelo.

 

¡Hasta la victoria siempre!

 

¡Saúl, presente!

 

Te amo, tanto como tus hermanas, Jesica y Oriana.

 

Mamá.

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