8 agosto, 2016
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Hambre de gloria

*Por Luciano Córdoba, 11 años, Villa 31

 

Bombos, redoblantes, globos y banderas, toda una fiesta porque era la primera vez que jugábamos el Torneo Mugica. Y aunque la radio decía que el invierno pegaba duro con 9 grados, los nervios que teníamos por haber llegado a la semifinal hacían que no sintiéramos el frío que pretendía congelar la canchita “La Feria”, en la villa 31 de Retiro. Durante meses soñamos con esto pero nunca nos imaginamos llegar tan cerca del podio y la medalla. ¡Cuánto miedo!

 

 

Pero pese a los nervios ahí estábamos: William, Miguel, Walter, el “Zurdo”, Ismael, Daniel, Santiago, “Papu”, Luciano, Alexis, Alejo y Mati. El equipo que entrena cada semana en la canchita Güemes. La banda de amigos que juega a la pelota sin que importen la hora o el clima. Nosotros, la categoría 2003/2004 del Taller de Fútbol Popular de La Poderosa, estábamos preparados y nos poníamos las pecheras con la cara de Kevin. Ahí estábamos todos; los jugadores, las familias y la hinchada, sonriendo con entusiasmo.

 

Sonó el último silbato sin que pudiéramos contra “Pipirulinhos”, que nos ganó por 3 a 2. ¡Por poquito, la pucha! “Vamos por el tercer puesto”, nos dijeron los entrenadores Juan, Migue, Javi, Chino, Fede, Juje y Belu, mientras nos secábamos las lágrimas.

 

Al mediodía, nosotros, los pibes de 11 y 12 años ya estábamos listos para disputar el siguiente partido. Volvió a sonar el silbato para que nos enfrentáramos con el “Club Infantil Barrio Chino”.

 

Teníamos hambre. ¡Hambre de gloria! Y si nos imaginamos que aquel domingo frío no se podía sufrir más, nos equivocamos. En un partido atrapante entre pases, jugadas y goles, terminamos en un empate 2 a 2 y el árbitro anunció que era la hora de los penales.

 

“¿Quién se anima?”, “¿hacemos sorteo?”, “¿Papu, cómo estas para atajar?”, nos preguntaron los profesores. Ahí fueron los tres elegidos y el arquero. Unos pasitos más atrás, todo el equipo, abrazado, hacía el aguante. Patearon ellos y la pelota pasó por arriba del travesaño. Había llegado el turno de Miguel: acomodó la pelota, pateó y ¡gol! ¡Íbamos uno arriba! Entonces ellos metieron el siguiente, pucha. Pero Luciano no se quedó atrás y también marcó un golazo. Llegó su último turno y fue gol. Ahora sí, en nuestro momento decisivo, William apuntó bien y metió un golazo. Cuando nos dimos cuenta, estábamos todos en un abrazo colectivo de esta banda que se banca todas. ¡Qué contentos nos sentíamos!

 

“Al meter el último penal estallé de orgullo por toda la presión que sentía”, contó el defensor por derecha. Desde el banco también sintió esa carga Daniel, uno de los goleadores del partido, que dijo que “fue un momento de presión y nervios, pero al ganar me puse muy feliz”. 

 

Alegría, nervios y pasión. Todo eso junto, todo mezclado. De las lágrimas al abrazo y de los penales a la felicidad. Si, nosotros, los pibes de Futbol Popular de La Poderosa, salimos terceros en el primer Torneo Mugica que jugamos y se cumplió nuestro sueño de pararnos en el podio. 

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