14 agosto, 2016
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La epopeya de Belén

Ayer, una vez más, distintas organizaciones sociales salimos a la calle para romper con las lógicas políticas y patriarcales, que nos condenan a ser desiguales, bajo la sospechosa afirmación de machistas tribunales, que lo que nos desiguala son nuestras diferencias.

 

No robó, no mató, no violó, pero está presa.

 

Belén fue al hospital con dolores abdominales, y en el mismo momento que le dieron el alta, quedó privada de su libertad. No sabía que estaba embarazada, tuvo un aborto espontáneo, y la acusaron de asesina. Esperaba volver pronto a su casa con su familia, pero el equipo de la salud pública que la atendió la acusó de homicida, y se cagó en el secreto profesional. Hubo un feto encontrado en un baño, un estudio de ADN que nunca se realizó porque para el médico, que actuó de juez, eran suficientes las coincidencias, y una mujer que sin saber qué pasaba, ya tenía sentencia dictada. Hubo hombres policías interviniendo en sus partes íntimas, y un cura ofreciéndole el arrepentimiento. Ella fue víctima de un sin fin de violaciones a sus derechos, y hace dos años está presa, aunque nunca se hayan comprobado los hechos.

 

Por eso, miles de personas marcharon en Tucumán, en apoyo a Belén, pidiendo liberación inmediata y absolución.

 

Soledad Deza, su abogada, expresó: “Belén está mucho más fuerte por el calor de la gente, y eso le hace bien”.

 

El camino para que la causa de Belén resuene en todo el mundo, despertando la esperanza de algún día encontrarla en cualquier plaza, va dejando aprendizajes de organización paridos en la lucha. “Para la Mesa de Apoyo, esta marcha multitudinaria fue un gran logro. Es un triunfo feminista, de todo el movimiento de mujeres, que hemos logrado sobreponer una demanda social, a la mezquindad de la lógica de los partidos políticos”.

 

Su nombre suena fuerte, y sus palabras van directo al corazón: “¿Buscan culpables o buscan justicia?” comienza la carta escrita por Belén, que su abogada leyó frente a la Casa de Gobierno, interpelando a toda una sociedad, y particularmente a los responsables de impartir justicia.

 

Por eso, para que dejen de persistir el miedo a ir al hospital público, a ser pobre, y a ser mujer,

 

nos quedan las calles,

 

nos queda la lucha.

 

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