10 octubre, 2016
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A dos años, nuestra única certeza: ¡a Franco lo mató la policía!

El 6 de octubre del 2014 desaparecía Franco Casco, un pibe de 20 años, hincha de River, oriundo de Florencio Varela, que estaba en Rosario visitando a su tía. Ese día, había decidido volver porque extrañaba a su familia. Elsa, su mamá, lo esperaba en Retiro.

 

Pero Franco nunca llegó.

  

Nunca llegó, porque todo el aparato político y policial lo condenó por ser villero, negro y pobre. Nunca llegó, por la misma razón que venimos gritando, con Iván y Ezequiel, que hay que controlar a las Fuerzas de Inseguridad. Nunca llegó, porque toda una sociedad lo estigmatizó.

 

Nunca llegó, porque la única solución que da el Estado a la inseguridad, son más policías en las calles verdugueando y reventando a los pibes.

 

 

Y todos sabemos por qué no llegó: porque la policía lo mató. El 30 de octubre, su cuerpo apareció en el río Paraná. Pero no les sirve para tapar nada, porque las pruebas saltan y, entre ellas, el examen médico muestra que Franco fue tirado al río cuando ya estaba muerto.

 

 

 

 

¿Y entonces cómo murió? Torturado y golpeado por la policía.
 

A dos años de su desaparición, la Multisectorial por Justicia por Franco Casco encabezó la organización de un festival frente a los Tribunales Federales. Colmado de gente, el Boulevard Oroño del centro de Rosario emanaba aires de lucha, de recuerdo y sed de justicia. Todo el tiempo, resonaba la frase “transformar el dolor en alegría”.

 

 

Y ese murmullo se convirtió en grito, una vez más, como lo hizo cuando gritamos con la familia de Gerardo Pichón Escobar y con la de Jonathan Herrera: dos de tantos pibes asesinados por la policía santafesina.

 

 

Arriba del escenario, la hermana de Pichón, Luciana, recordó a Elsa Godoy, la mamá de Franco, que en agosto falleció luchando contra el Mal de Chagas: “Una madre que buscó a su hijo y un hijo que esperó a su madre, ahora están juntos”. La hermana de Jonathan, junto a las madres y familiares de otros pibes víctimas de violencia institucional, exclamó: “Estamos acá, juntas, no para llorar sino para luchar”.

 

 

Desde un primer momento exigimos que la causa sea caratulada como desaparición forzada de persona y que pase al fuero federal, porque el Estado es responsable y cómplice a la vez:en lugar de prevenir, investigar, sancionar y reparar estas violaciones a los Derechos Humanos fundamentales, las multiplica protegiendo el accionar de sus fuerzas policiales y abandonando a las víctimas y familiares.

 

 

A dos años, todavía no hay imputados en la causa y la justicia no avanza. Pero para demostrar que la versión que da la Comisaría 7ma está llena de incongruencias, ¡las pruebas nos alcanzan! Ahora esperamos el llamado a indagatorias donde van a tener que dar la cara toda la chapa azul que está implicada, todos canas: adentro de Tribunales, frente al juez y afuera, frente a la familia de Franco y frente a todas y todos los que vamos a estar dándole pelea una vez más.

 

 

Porque nunca vamos a dejar de gritar:

 

 

 

¡La vida de los pibes es seguridad!