7 febrero, 2017
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MUFFINS, CON SABOR A LUCHA DE MADRE

 

*Por Magui González, comunicadora de la asamblea poderosa de Vía Diagonal Norte, Tucumán.

 

 

Como toda viajera en busca de nuevos rumbos, un día cargó su mochila y, junto a un par de amigos, Mariel Briggs llegó a Tucumán donde pudo encontrar la paz que no conseguía en Buenos Aires, “la ciudad de la furia”. Al poco tiempo que esta tierra la fue atrapando, llegó la noticia de su embarazo. Empezó a bajar de peso, nada normal en su situación, y un psicólogo determinó que era causado por estrés. Con el paso del tiempo, este problema de salud fue preocupando a la joven, que en aquel entonces tenía 23 años.

 

 

Rebotando de puerta en puerta encontró laburo los fines de semana en un “parri-pollo”, donde la joven tuvo que trabajar hasta el día que nació su hijo.

 

 

Y por si las cosas venían demasiado fáciles para ella, el mismo día que nació Pablito, su pareja tomó la decisión de volverse a Bs.As, quedando como madre soltera haciéndose cargo de las buenas, las malas, el trabajo y la crianza.

 

 

La situación se puso mucho más difícil a los tres meses del nacimiento de Pablito: Mariel, al no poder asimilar bien los alimentos, no estaba produciendo leche materna. Para alimentar a su hijo necesitaba una leche tan especial como su inalcanzable precio.

 

 

A ella le costaba conseguir trabajo y la situación empezó a empeorar un poco más. “En ese momento hice un pedido en el Estado, y en el área de Familia del Ministerio de Desarrollo Social me empezaron a perseguir, acusándome llenos de prejuicios de no alimentar a mi hijo, de ser adicta y de drogar a mi hijo. Todo esto sin tener pruebas. Presenté un informe e hice varios trámites, porque no me creían, es más, ellos todavía tienen fotos de cómo estaba yo de flaquita. Y aun después de haberme hecho los análisis para probar que todo de lo que se me acusaba era una gran mentira, no me dieron pelota” cuenta Mariel con mucha impotencia.

 

 

Al ver que la situación la superaba decidió subir a un colectivo interurbano y en un principio “con mucha vergüenza” contó su historia logrando que muchos pasajeros empiecen a colaborar para comprar la leche de su niño. “La  gente me ayudaba mucho, no solo con dinero sino también con mercaderías, pañales y leche que llevaba a mi casa. No sé de dónde saqué tanta fuerza. Después de pedir plata empecé a comprar chocolates para vender, porque vi en el colectivo muchas posibilidades para salir adelante. Luego compré alfajores y así hasta tener una conservadora con muchas golosinas. Vendía mucho. Era un kiosco móvil”. Expresa Mariel.

 

 

Luego de pasar por varias opciones de productos para la venta, a esta trabajadora de la economía popular se le ocurrió una gran idea: hacer muffins. “Muffins variados y caseros, para el que guste de algo rico y nutritivo en el camino” cuenta la joven trabajadora cuando sube a los bondis.

 

 

Hoy Mariel tiene 27 años (ya recuperada de aquel problema de salud, al igual que su hijo Pablo de 4 años), sigue subiendo a los colectivos y sostiene este gran pequeño emprendimiento junto a dos amigos: Mateo y Eliseo, con quienes tiene dos puestos de venta fijos que se encuentranen la peatonal Congreso esquina Crisóstomo Alvares y en Av. Adolfo de la Vega 473.

 

 

“La gente en el colectivo es parte de la vida que elijo, diría que son casi parte de mi familia. La empatía que la mayoría expresa me hace sentir muy cómoda y es lo que me da fuerza para seguir haciendo lo que hago”. Afirma Mariel.

 

 

Su canasto de mimbre, cargado de lucha y humildad la acompaña en la dura tarea de vender para sobrevivir y sostener a su familia. Con los años ha logrado desenvolverse usando siempre una sonrisa contagiosa, su herramienta más poderosa. Llegando así a convertirse en una vendedora muy popular y querida en la ciudad.

 

 

 

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2 comentarios sobre «MUFFINS, CON SABOR A LUCHA DE MADRE»

  1. Conozco a Mariel. La conocí en el colectivo 102. Me tomaba ese colectivo muy temprano para ir al trabajo y ella ya estaba trabajando. Su día comenzaba muy temprano y terminaba muy tarde. Lo que ella se olvidó de decir, o no lo quiso mencionar, es que al principio, cuando comenzó con esto, subía al colectivo con su bebe y sus productos porque no tenía con quien dejarlo. La aprecio mucho y le deseo lo mejor. Es una mujer muy luchadora y no se va a rendir jamas.

  2. Si la ví una vez, no recuerdo bien en que colectivo esa vez no tenía plata para comprar y después a un chico, justo iba con mi hija y le compré uno con chips de chocolate, quedó facinada, mi hija con el muffin. Es un gran ejemplo!

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