30 marzo, 2017
,

La tribu de nuestra calle

* Por Gabriela Carpineti y Maxi Malfatti,
gargantas de los Maestros villeros.



Marchamos, más vale, el 6, el 7, el 8, el 15, el 16, el 21, el 22 y el 24, por supuesto: 30 mil veces, marchamos. Y hoy, salimos a la calle, otra vez, para sacarnos el barro de los pies. Pues nos pone la piel de Argentina volver a la Plaza un 30 de marzo, para conectarnos con nuestras Madres, nuestras Abuelas, nuestros desaparecidos, nuestros pibes de Malvinas. Para conectarnos con nuestra propia unidad, pero no por casualidad. Aquel 30 de marzo de 1982, aquella CGT encabezada por Saúl Ubaldini se le plantó a la más feroz de las dictaduras y la hizo tambalear después de siete siniestros años de genocidio planificado contra los trabajadores y el pueblo. No alcanzaron los choripanes, ni las provocaciones, ni las pantallas de los medios encubriendo al cinismo de Estado. Se agotó el vino. Y entonces llegaron los palos, los tiros y la muerte de Benedicto Ortiz, Secretario General del Sindicato de Mineros en Mendoza, que pagó con su vida el grito del movimiento obrero frente al poder.

 

No pudieron y no van a poder.

Sus ideas, las nuestras, laten hoy desde cada escuela del país en donde vive la Patria, a partir de la violación sistemática de la Ley de Paritaria Docente, por parte del gobierno de Mauricio Macri. ¿No se oyen? Todas esas convicciones que inundaron las calles a lo largo de todo el mes, con las columnas vertebrales de los empleados formales de distintos sectores productivos, de servicios públicos, de empresas privadas y de la economía popular, no están paseando, ni «congestionando la ciudad», sino poniéndole el cuerpo a nuestra realidad, frente al relato mediático que miente, corta y copia.

Hoy hacemos Justicia Social, por mano propia.

Nosotras, nosotros, las maestras y los maestros villeros marchamos junto al Movimiento de Trabajadores para demostrarles a los beneficiarios económicos de esa larga noche que nunca nos han vencido. Y que no hay país ni armonía posible, si los humildes no participamos de la riqueza que nosotros mismos creamos. Somos las manos, las piernas, las cabezas, las miradas, las historias y los silencios de las villas, todos de pie, nunca de rodillas, defendiendo la educación de generación en generación, sin abandonar jamás la imprescindible tarea de interpretar al mundo para poder transformarlo.

Pobres, ellos, que sueñan privatizarlo.

Sin dejar de aprender, ni enseñar, los educadores de los barrios populares nos encolumnaremos entonces con los docentes de la CTERA, con los herederos de Isauro Arancibia, con los maestros de Stella Maldonado, con los compañeros de Carlos Fuentealba. Y con toda la comunidad educativa, en esta pelea histórica que conecta a los imprescindibles 30 mil detenidos-desaparecidos con los jóvenes de los barrios más pobres, aquellos que dejaron su vida en las Islas y estos que ahora cartonean o hacen changas, rebuscándosela todos los días, para ganarse un mango laburando de lo que nadie quiere laburar.

Las gargantas de las escuelas villeras,
hoy volvemos a gritar.

Relacionadas

Violencia Policial
10 agosto, 2023

ASESINARON A FACUNDO MOLARES

Cultura
6 agosto, 2023

EL ARTE DE ELIMINAR PREJUICIOS