14 marzo, 2017
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¡¿QUE NO JODAMOS MÁS?!

 

 

Ya ven, otro Femicidio más.

 

Hace una semana atrás, miles de mujeres realizamos un paro internacional. Les gritamos a todos que nos queremos vivas. Mientras muchos se indignan porque piensan que exageramos: cada vez que nos contamos, nos faltan amigas, vecinas, familiares y entonces, una vez más, nos vemos ante la necesidad de hablarles acerca de una mujer:

 

En la ciudad de Villa María, provincia de Córdoba, en el Barrio La Calera, vivía Alicia. Este pasado verbal es una verdad en cuanto a su existencia material que ya no es tal, además de ser un puñal para la lucha por nuestros derechos.

 

Y lo que sigue, es posible que lo hayas leído antes, parece un cuento que se ha escuchado quién sabe cuántas veces ya, pero está vez es distinto para nosotros, porque ahora fue nuestra vecina.

 

Alicia y José acabaron su relación hace aproximadamente ocho meses. ¿Prontuario? Abuso, violencia, miedo, amenazas. ¿En el medio? Denuncias, botón antipánico y restricción. ¿El resultado? Un femicidio más para las cifras del espanto, otro dolor que nos retuerce el pecho y el reclamo ya denunciado: necesitamos políticas de Estado.

 

Alicia Coppa era mujer, madre, solidaria y bien laburadora. Fue asesinada ayer a las 9 de la mañana en su propia casa.

 

José Alberto Angeloni, su ex pareja, era agresivo, celoso y misógino. El se suicidó después de asesinarla frente a dos de sus hijos.

 

Si las únicas respuestas del Estado continuan siendo las “ayudas preventivas”, no habrá placard donde quepan tantas muertas más. La lentitud para consolidar herramientas y un acompañamiento integral en cuanto a violencia de género y violencia familiar, está llevando consigo la permanente emergencia de nuevos femicidios sin perspectivas a corto, mediano y largo plazo, que nos permitan saldar esta problemática de vida o muerte.

 

Estado, ¿Qué tan ciego y sordo estás? ¡Queremos verte accionar!

 

Si el Gobierno es la estructura que nos organiza y nos regula, el hecho que omita o no se ocupe instantánea y eficientemente de la violencia de género como flagelo social, lo vuelve un responsable más. Repudiable es su pasividad

 

 

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