4 marzo, 2017
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TU-TA TU-TA VILLERO

 

Cansados de tener que viajar a barrios lejanos para disfrutar del carnaval, la poderosa asamblea del Barrio Fátima, decidió organizar su propio corso.

 

La noticia empezó a correr rápidamente por los pasillos, de boca en boca, de ventana a ventana. Vecinos y vecinas, empezamos bien temprano a armar banderines de colores, preparar el escenario y conectar el sonido. Mientras ultimábamos los detalles técnicos y decorativos quedamos en medio de la previa carnavalesca, que ya había comenzado con la tradicional guerra de bombuchazos y baldes de agua que refrescaban a todos los peatones que iban distraídos por la calle, y a quien no lo mojaba lo salpicaba. 

 

Los pibes de los espacios de la cooperativa gastronómica, teatro, fútbol y básquet, vendieron comidas en una feria de platos, en la que había patys, empanadas y sanguches.

 

Poco a poco se llenó la canchita de la manzana 5, donde nunca se había visto tanto color en el feriado de carnaval. Cuando iba cayendo el sol, los bombos empezaron a retumbar y los pasos de baile comenzaron a formar las figuras de la danza popular.

 

Los murgones que aceptaron participaron con su mensaje combativo fueron Los Profetas de la Alegría, Los inevitables de Flores, Cosa e Mandinga, De Paso Cañazo y Los Rotosos de Montserrat 

 

Una vez más, autogestivamente, recuperamos la festividad en el corazón del barrio, contra toda la estigmatización de los medios de comunicación que le restan importancia al carnaval y demonizan a nuestros barrios.

 

 

 

 

 

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