5 junio, 2017
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¿Cuántas más vamos a enterrar para que nos dejen de matar?

Con un nudo en nuestras gargantas, que cada vez se hace más grande, otra vez escribimos para contarles que en lo que va del año nos mataron a tres compañeras. Tres meses consecutivos, tres femicidios, un millón de dolores y un Estado que sigue mirando expectante mientras que vamos “sumando” mujeres asesinadas en cada punto del país.

 

 

En el 2014 la Oficina de la Mujer de Formosa, registró 5 femicidios en la provincia.  Desde el 2015 la Justicia asumió el compromiso de llevar un Registro Nacional de Femicidios en Argentina, que contabilizó 4 asesinatos más. En el 2016 la ONG La Casa del Encuentro asentó que mataron a 8 mujeres.

 

El pasado 11 de febrero le arrebataron la vida a Milagros Toñanez que este 28 de junio cumpliría 19 años. Ella vivía en la capital formoseña con su mamá y sus hermanas menores, hasta que Sergio Cano, un vecino del barrio, decidió terminar con su vida. Máxima, su tía no entiende qué pudo haber pasado por la cabeza de “Checo” cuando apuñaló 19 veces a Milagros, que tomaba tereré en la vereda de su casa, como solía hacer siempre en las tardes y noches calurosas de verano. A pesar de las reiteradas denuncias por violencia y disturbios que emitieron los vecinos contra Cano, él seguía libre causando problemas por el barrio. Recién ahora, el Checo está preso e imputado por el femicidio, pero sin condena firme. Una vez más la inacción de las fuerzas de seguridad terminó en una tragedia que se pudo haber evitado.

 

Milagros cumpliría 19 años este 28 de junio.
Milagros cumpliría 19 años este 28 de junio.

 

Lamentablemente no es un caso aislado, sino que al contrario: no acabábamos de llorar a Milagros cuando tuvimos que comenzar la búsqueda de Dominga Maidana, que desapareció el 18 de marzo y a quien sólo buscaron sus familiares.

 

Ese día había pasado toda la tarde con su cuñada  y Jorge Eduardo Quiroz, su asesino, después de volver del torneo de fútbol donde jugaba su hermano salieron con Quiroz a comprar “algo para tomar” y no volvió nunca más. Su familia fue a radicar la denuncia en la Comisaría Mayor Edmundo Villafañe a los pocos días de su desaparición, pero no esperaban encontrarse con tanta crueldad y misoginia: “Ella tenía una mala reputación, por eso no es urgente buscarla. No podemos estar tanto detrás de tu hermana porque hay muchos casos más”, le dijeron con total liviandad, a Hipólita, hermana de Dominga, que nos aclara que es un pueblo en el que no suelen pasar estas cosas, además agregaron  que ellos no eran “niñeros» y que nos fuéramos «a tranquilizar a nuestra casa”.

 

La policía formoseña no quiso buscar a Dominga Maidana.
La policía formoseña no quiso buscar a Dominga Maidana.

 

Frente a tanta negligencia su familia, amigos y vecinos del barrio comenzaron a buscarla por su propia cuenta y la policía pasaba cada tanto a preguntar si “habían descubierto algo nuevo”, sí, como lo leen la policía les pedía a la familia la información que debían haber investigado ellos. 
Aunque los hermanos de Dominga insistieron en buscar en la casa  del último con el que la vieron, jamás allanaron nada, hasta que 14 días después vecinos de la localidad denunciaron olores nauseabundos en un predio de la familia de Quiroz. Allí, el 31 de marzo encontraron y confirmaron que el cuerpo descuartizado era el de Dominga Maidana, pero nadie notificó a su familia hasta que, por sus propios medios, fueron a preguntar si era ella o no la que habían hallado.

 

Jorge Quiroz tenía 14 denuncias de distinta índole y, en 2013, ya había sido acusado por el homicidio de una mujer paraguaya. No sabemos porqué seguía en libertad  ni porqué la policía no actuó antes para evitar que este femicida cometa otro crimen más. Hoy está detenido en la Alcaldía de Varones, esperando, por fin, una condena. Esperamos que lo sentencien a perpetua para que no nos arrebaté a ninguna compañera más.

 

Aún con el sabor amargo en la boca y el nudo de la garganta haciéndose gigante en la espera de justicia por nuestras compañeras, el 8 de abril, nos volvieron a  matar, esta vez otro macho se llevó la vida de Mirta Beatriz Campo.

 

Juan Ángel, quien era su marido, llevaba 10 años maltratándola verbal y físicamente hasta que golpeó a sus hijos, que se metían a defenderla. Esta fue la gota que rebalsó el vaso para Mirta, que decidió echarlo de su casa, aunque el violento aún seguía apareciendo cuando quería durante un año entero diciéndole que se mataría sin ella.

 

Por eso sus hijas, Jovita y Celeste, pasaban casi todo el día con ella para no dejarla sola. Y Mirta había decidido alejarse un tiempo del pueblo para que él dejase de hostigarla.

 

El 8 de abril, por primera vez, Juan Ángel, tiene un gesto de amabilidad y la invita a un asado al cual asiste, pero les da aviso a sus hijas. Luego vuelve a llamarlas para avisarles que iría al monte a buscar Llantén para el mate, en compañía de Juan, y después volvería a casa. Al caer la tarde 5 policías se acercaron a la casa de Jovita para informar que debían presentarse en la Comisaría porque Juan Ángel había denunciado la desaparición de Mirta.

 

Acudieron inmediatamente al destacamento policial, pero nadie les decía nada concreto hasta que ven bajar esposado a Juan de un camión policial. Seguían sin decirle nada, así que se acercan al femicida para saber qué pasó, y su respuesta fue “ya saben lo hice con su mamá”. Jovita, Celeste y otros familiares y vecinos comenzaron a buscarla en el monte y en todo el barrio, pero no encontraron nada, y la policía seguía sin decirles que Mirta Campos ya había sido asesinada.  Más tarde argumentaron que no les habían informado sobre el asesinato por una orden judicial.

 

 

Cuando fueron a reconocer el cuerpo, preguntaron cuál fue la causa de la muerte: “de tres palazos”, les respondieron y recordaron que esa era una frase típica del asesino cuando se enojaba: “hay que matarle a palazos”. También recordaron que siempre decía que no le importaba ir preso porque aseguraba que así como entraba volvía a salir.

 

«Ya saben lo que hice con su mamá», les dijo a sus hijos la pareja de Mirta Campo, cuando ya la había matado.

 

La familia de Mirta sabe que en esta justicia lo que profanaba Juan puede ser cierto y temen por su seguridad.

 

Estos casos terminaron en tragedias, y no podemos olvidarnos de Sandra González, una sobreviviente de esta violencia machista que no sabe cuánto tiempo seguirá viva ya que sus agresores siguen libres e impunes.

 

Sandra se había separado hace un mes de su marido, con quien tenían un hijo de 4 años. Fue expulsada de su casa, y dos amigas del ex le ofrecieron la suya hasta que encontrara dónde hospedarse. Inocente, aceptó la ayuda y estuvo unos días en la casa de estas mujeres.

 

Gimena, alumna de la escuela donde era preceptora, recuerda que por esos días se la notaba distinta a Sandra: “Estaba como ida, ya no se arreglaba como lo hacía siempre. Solía combinar la ropa, era re ordenada y esa semana parecía colgada, se olvidaba cosas. Era alevoso, se notaba que algo le pasaba, porque no era así”.

 

Lo que le ocurría era que la estaban drogando sin que ella se dé cuenta. Con la excusa de que era adicta a las drogas, el marido le sacó la casa y la tenencia de su hijo.

 

 

El primero de noviembre de 2015 tuvo el último contacto con la familia, y a los pocos días denunciaron su desaparición. Cuando fueron a la casa donde estaba hospedada no la encontraron, dijeron que no la veían hace días.

 

 

Una semana después, el 7 de noviembre, el sereno de una arenera de Lote 4 denunció olores nauseabundos que salían de un pozo y allí la encontraron. Inconsciente, con el cuerpo marcado de violencia, signos de distintos tipos de tortura: cortes, quemaduras de cigarrillos, golpes y dos tiros en la cabeza que no atravesaron de milagro. Cada herida en estado de putrefacción que literalmente estaban siendo comidas por los gusanos.

 

 

Cuando la sacaron creyeron que estaba muerta, pero respiraba y tenía pulso. Incansable luchó por su vida y apenas despertó acusó que las mujeres la tuvieron atada a la cama con alambres de púas torturandola, que cuando la policía fue a la casa la habían escondido en el lago que quedaba atrás de vivienda, se podía demostrar porque así como la sacaron, después, la tiraron al zanjón: la ropa estaba cubierta de yuyos y plantas acuáticas. Nada de eso fue suficiente para esta Justicia de mierda: para ellos Sandra era una drogadicta, como había declarado su marido.

 

 

Siete meses después, con acompañamiento psicológico que le brindó la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de Formosa (APDH), Sandra fue la única citada a declarar. Siete meses después de poder contar su historia la causa seguía intacta y bajo secreto de sumario. No habían allanado la casa de las amigas de su ex marido, ni rastrearon mensajes y/o llamadas para saber qué había pasado con ella, el Juez Guillón argumentó que nada podía avanzar si ella no se constituía como querellante. Algo imposible, ya que después de todo lo vivido Sandra continuaba en estado de Shock y apenas podía revivir esa historia tan traumática.

 

 

Tampoco nadie, salvo la APDH, la ayudó con las secuelas que le dejó tan terrible episodio, heridas que debían ser tratadas en Buenos Aires, porque en Formosa no había especialistas en injertos de piel. No hubo ayuda económica ni psicológica por parte del Estado; la escuela EPES 33 Ramón Carrillo la dejó sin trabajo por “abandono de puesto”. Su vida, luego de haber enfrentado a la muerte, se volvió una pesadilla.

 

 

Hoy, sigue siendo Sandra la que no puede salir sola de casa, la que vive con miedo en lo de su mamá, a cuatro cuadras de donde viven las mujeres que quisieron asesinarla. Ellas y su ex marido caminan libres. Sandra lo perdió todo: su hijo, su casa y su tranquilidad. Pero está viva y sigue en busca de Justicia.

 

 

La situación en la provincia formoseña no da para más. La escasez de políticas públicas para acompañar y asesorar a las víctimas de violencia de género es nefasta. Desde la Secretaría de la Mujer, a cargo de Angélica Miguela García y que sólo tiene una sede en la capital y muy poca incidencia en en el interior de la provincia, solamente se acercaron a algunos familiares de las víctimas para decirles que movilizarse no serviría para nada y que “confiaran en ellos”. Dicha oficina funciona en horario comercial, de lunes a viernes, así que si sufriste violencia de género un viernes por la noche, aguantá hasta el lunes.

 

 

Así avanza este 2017, cargado de lágrimas y tristeza: del año anterior a hoy los casos de femicidios han aumentado pese a las masivas e incansables marchas, al  paro internacional de mujeres y a tres años de haber dicho Ni Una Menos.

 

 

Por eso nos movilizamos otra vez, en todo el país, para seguir denunciando que sin concientizar y sensibilizar a las Fuerzas de Seguridad y a la Justicia en cuestiones de género; y, fundamentalmente, sin un presupuesto para implementar un Plan Integral Para Erradicar la Violencia Hacia las Mujeres, gritamos que  ¡el Estado es responsable!

 

 

Este histórico 3 de junio volvimos a copar las calles porque ¡vivas y libres nos queremos!

 

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