21 julio, 2017
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«Aquí no se muere nadie»

* Por Daniel Nadalich,
amigo de Cristian Toledo, testigo de su asesinato.



Desde el sábado, cuando ese policía nos persiguió, nos disparó y te asesinó, no volví a sonreír. Y ayer, en el Día del Amigo, no pude dejar de verte, de pensarte, de buscarte. De mis 25 años, pasé los últimos 20 a tu lado. Crecimos juntos en nuestra querida Villa 21-24, jugando a la pelota en el Club Pienovi de Avellaneda, desde muy pibes hasta la adolescencia…

Acá, donde ahora vive tu ausencia.

Fuimos amigos con todas las letras, amigos inseparables, amigos de corazón, amigos eternos, amigos hasta que la muerte nos separó. Y después también. ¡Pero qué pibe cargoso! No sé cómo hubiera sido el colegio sin tus risas, ni tus chistes infaltables. Quién eras, me preguntan, porque no saben que apenas eras vos, que juntos éramos nosotros. Un pibe sin maldad, lleno de fútbol, lleno de barro, lleno de vida…

No puedo entender qué pasó. Ni cómo, ni por qué. ¿Dónde estás, que no estás acá? Y qué carajo hago yo pensando esta carta, si toda esta bronca escribe por mí, que me quedé ahí, congelado en el tiempo, observando cómo te dejaba morir un ser inhumano que no sólo te dio ese balazo en el pecho, porque sí, era un cagón…

También me lo pegó a mí, en el medio del corazón.

Decime, por favor, decime, ¿qué hago ahora con todos esos abrazos pendientes? ¿Y con los 50 años que nos faltaba compartir? Decime, amigo, ¡qué mierda hago con esta impotencia! Me arrancaron un hermano de mis brazos, por ese gatillo fácil que tantas veces nos hizo llorar, mucho antes de tirarnos a matar. No fue nadie, no fueron todos, no fue alguno: fue Adrián Gustavo Otero, policía, asesino, bombero, asesino, funcionario, asesino.

Por vos, por mí, por todos esos que nos quitaron y por todos esos que nos pueden quitar, hoy volvemos a marchar en caravana, con una vela o con una antorcha, unidos, como siempre lo quisiste. ¿Que no? Olvidate, cómo sea y de dónde sea, tus vecinos vamos a sacar las fuerzas necesarias para volverte noticia, para traerte justicia, para tenerte cerquita y para verte descansar en paz…

Tus amigos, Paragüita,
cada día somos más.

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