9 octubre, 2017
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El femicidio de la verdad

 

* Por Claudia Aguirre,
hermana de Victoria, presa en Misiones, 
por mujer y por pobre.

Madraza, estudiante y luchadora, mi hermana comenzó a vivir su peor pesadilla el 29 enero de 2015, cuando Rolando Emilio Lovera reveló su naturaleza de monstruo y asesinó a su hijita discapacitada de dos años, Selene. Privada por su pareja del amor a esa criaturita inocente, quedó entonces privada también de su libertad, en el Penal N°5 de Mujeres de Posadas, por un crimen que jamás cometió y que le quitó el alma, ¿entienden? Presa y muerta, a la vez. 

Imagínense cuánto amaría mi hermana a su beba, que no pudieron asustarla ni todos los pronósticos médicos que auguraban «medio año de vida», por ese Síndrome de Fahr que luego le generó problemas motrices. A diario, ella se ocupaba de sus controles, aprendió ejercicios de resucitación y acompañó su estimulación física, hasta que inesperadamente su hijita comenzó a dar unos pasos… Aun así, esa delicada salud de mi sobrina era motivo constante de discusiones entre Victoria y su pareja, que se enojaba al “no poder dormir por la cosa ésa”. ¿Leyeron? Sí, “la cosa ésa, esa cosa que yo trato como quiero” era Selene, víctima de sus torturas sistemáticas para amedrentar a su aterrada mamá: llegó a colgarla cabeza abajo, para verla sufrir. Gritos, agresiones físicas, maltratos psicológicos y constantes abusos sexuales tejieron el escenario del silencio que terminó encerrando literalmente a las dos, ocho días antes del asesinato de mi sobrina, en la casa que habían alquilado para vivir juntos, a las sombras de tanto terror.

Hoy, resulta imposible volver a confiar en algo, incluyendo a la Justicia. A casi tres años, los jueces Lilia Avendaño, Francisco Aguirre y José Pablo Rivero no han consultado al perito forense encargado de la autopsia y ni siquiera le han pedido al perito informático alguna apreciación sobre las secuencias de las cámaras de seguridad. Ahí puede verse claramente cómo Lovera, tras haber sedado a Vicky, entraba y salía de un depósito, con Selene en brazos, en la arenera donde trabajaba. Increíblemente, el Tribunal Penal Nº1 de Oberá, Misiones, acusó a la madre y la procesó con la carátula de homicidio agravado por el vínculo, de cara al juicio oral que ahora se desarrolla con total parcialidad en favor del femicida que nos quitó la vida. 

Por eso, desde aquí, sólo apelamos a ustedes para seguir tejiendo voces que permitan visibilizar su caso, denunciando la virulencia del hombre que la mató y del Poder Judicial misógino, que viene sembrando la impunidad semana a semana, enterrando la verdad y silenciando la investigación.

Para mi hermana, 
Victoria Aguirre,
¡libertad y absolución!

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