17 octubre, 2017
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Resistencia villera

Seguramente no lo haga circular el periodismo, ni lo quiera dar «urgente» ningún noticiero, pero ayer volvió a gritar el feminismo villero, con esa prepotencia que parió la Resistencia de tantas mujeres. Sin palabras santas, ni solemnes saberes, detonamos gargantas en todos los talleres, en el Día de la Madre y ante el Estado de cinismo, porque el patriarcado también tiene un padre, que se llama imperialismo, obediente descendiente de la hipocresía. Sin embargo, no se hace cargo todavía de llevar su ataúd, ¡y hasta nos quieren canjear el silencio por salud! Pero cargando las herramientas que suelen esconder sus vidrieras, más de 500 compañeras soñaron, viajaron y empuñaron sus propias ideas, representando a 50 asambleas territoriales con las cuerdas vocales que esposan a la historia en las patas de la memoria. Contra los mandatos del paco, nuestros viejos zapatos coparon el Chaco para hablar de adicciones, verbalizando las lecciones que aprendimos cuando desobedecimos esa propuesta siniestra que intentaron inyectarnos: matarnos o acostumbrarnos. No, con las tripas y el corazón, discutimos la comunicación bajo la influencia de la moral, mientras compartimos una experiencia de organización barrial que pone a la conciencia por delante del contrato, denunciando la violencia y el maltrato que cuenta con promoción estatal, cuando nos niegan el derecho a la educación sexual integral. Desde arriba, desde abajo, desde el centro, no llegamos al Encuentro sólo para desahogarnos del trabajo, sino para quedarnos hasta que miren debajo de los atriles, a estas «negras vagas» que ya nunca verán calladas: miles y miles de Santiagas Maldonadas.

 

 

 

 

“Antes de viajar al ENM por primera vez, estaba muy ansiosa. Y al llegar, me sorprendió ver a tantas compañeras de todos lados, cada una planteando nuestros problemas en los barrios. Sentir y palpar que luchamos por lo mismo desde las 23 provincias del país, fue impactante. Y sí, participé del taller para la ‘Organización barrial’, porque hoy más que nunca necesitamos que puedan llegar hasta acá los gritos de la villa que todavía no pudieron salir”.

 

 

Jésica Reinares,
Yapeyú, Córdoba.

 

 

 

«Acá, me logré conectar con muchísimas mujeres de todas las clases sociales y de todas las diversidades posibles; mujeres besándose, mujeres trans, mujeres negras, mujeres rubias, mujeres pobres. A este Encuentro, deberían venir todas las mujeres, en especial aquellas que no pueden pagarse un pasaje. Y sí, me hubiese gustado escuchar a más vecinas de mi barrio, porque son esas voces las que todavía faltan. Nos queda mucho por hacer».

 

Claudia Miriam Cañiu, 
Barrio Unión, Viedma, Río Negro.

 

 

“Yo vine por primera vez al ENM y me gustó mucho la comunión que se genera entre todas. Decidí participar en el taller sobre deportes, pero sentí que me excedía un poco, cuando se viraba hacia una perspectiva académica, desestimando el saber popular. Sin dudas, sería más provechoso un abordaje que permitiera visibilizar esas experiencias del barrio también, pero eso depende fundamentalmente de nosotras y de la capacidad que tengamos para organizarnos”. 

 

Yuliana Selena González, 
Barrio 11 de Enero, Tucumán.

 

 

 

“Las chicas trans pasamos muchas situaciones adversas en la calle; no somos bien vistas y nadie quiere contratarnos para un laburo normal. Por eso de aquí, mi primer Encuentro, me llevo un aprendizaje muy valioso: debemos valorarnos como somos, sin dejarnos humillar. No es fácil, porque resulta insoportable ser observada como una “cosa rara”, pero no basta con enojarse, hay que cambiarlo. Y para eso, necesitamos luchar”.

 

Zulma Puppy,
Rodrigo Bueno, CABA.

 

 

“Al principio no quería saber nada, decía que estaban locas, que me dejaran hacer mi vida. De verdad, pensaba eso del feminismo. Y hoy, estoy más enganchada que nunca, por la transparencia que supimos construir desde La Poderosa y por la participación creciente de tantas compañeras en todos estos espacios. Junto a mi hermana, a quien contagié nuestra lucha, hoy nos repensamos y recordamos las malas experiencias que vivimos, en tiempo pasado, porque finalmente pudimos decir ‘basta’”.

 

 

María Rosa Vega,
Los Pumitas, Rosario, Santa Fe.

 

 

«Cada Encuentro de Mujeres es maravilloso y me interesa dejar esto bien claro: acá no venimos de paseo, no es un fin de semana de relax. Al contrario, acá venimos para gritar, para aprender, para enseñar y, sobre todo, para hacernos escuchar, porque está tristemente a la vista que todavía siguen desviando la atención. Nos están matando y, básicamente a eso vinimos a Chaco, a exigirles que la proclama del ‘Ni una menos’, se haga realidad».

 

María Díaz, 
Altos de San Lorenzo, La Plata.

 

 

«A decir verdad, aquí encontré muy pocas voces de los barrios más humildes en los talleres que visité y, si bien me angustia esa certeza, también me da la pauta de cuánta importancia tiene seguir militando desde la base, para que cada año podamos ocupar más fuertemente estos espacios, alzando nuestra voz y volcando todas nuestras vivencias, para fortalecer al feminismo villero en primera persona. Cosas para decir, tenemos de sobra. Al espacio dónde decirlas, debemos seguir construyéndolo».

 


Joana Ybarrola,
Villa 31, CABA.

 

 

«Yo participé del taller sobre ‘Mujeres y acceso a la Justicia’, donde me sorprendió escuchar cuántas piden ayuda y no la reciben jamás. Me quedó muy grabado ese grito de auxilio. Y ahí pude compartir mi experiencia como víctima de la violencia machista. Como quien dice, ‘del otro lado’, hoy noto que puedo aportar mucho más, mi propio granito de arena para lograr que otras mujeres no tengan miedo y se sumen a la lucha también”.

 

 

Vanesa Bazán,
Los Hornos, Guaymallén, Mendoza.

 

 

 

 

«Venir al Encuentro como tantas gargantas poderosas, para traer la voz de mi barrio y los gritos de las que no pudieron venir, nos llena de orgullo y nos da identidad propia en cada intervención, donde no necesitamos, ni aceptamos más representantes que nuestra propia verdad. Hacemos ruido. Y sí, siento que nos escuchan atentamente porque no volcamos teoría, sino las experiencias reales que nos pasan cotidianamente en nuestras villas».

 

 

Heliana Caro, 
Villa Cordobita, Tandil.

 

 

 

“Sí, está buenísimo encontrarse con tantas otras vecinas y poder fortalecer este orgullo al escucharlas. Ante mi tercer Encuentro, yo sentía y sabía que íbamos a llegar mejor plantadas, entendiendo perfectamente a dónde veníamos, lo que padecemos y lo que merecemos. De cada Encuentro, volvemos más empoderadas, con más perspectiva de género y con más razones para dar esta batalla que ya hemos iniciado: debemos estar todas juntas, para vencer al patriarcado”. 

 

Brisa Ruiz, 
Villa 21-24, CABA.

 

 

“La mujer villera sigue siendo la menos escuchada y la más discriminada, a la hora de hacer una denuncia por violencia machista o de salir a reclamar cualquier derecho legítimo. Pero aun así, ver a tantas compañeras acá, luchando y haciendo escuchar su voz, me deja muy contenta. Poco a poco, lo sé, podremos abrir el espacio necesario para que puedan ingresar otros saberes, desestimados por las academias y revalorizados por todas nosotras, las que nunca pudimos ir a la facultad”.

 

Alejandra Díaz, 
Zavaleta, CABA.

 

 

“Fue mi segunda vez, en estas rondas poderosas de mujeres. La primera ya había sido asombrosa, porque conocí a muchas en situaciones similares a la mía. Las escuché y entendí que no era la única sufriendo esa realidad cotidiana. Y desde entonces, decidí hablar, aprendí a decir que todo esto se debe romper. Que no puede seguir así. Hoy, puedo afirmar con orgullo que ya no soy la misma, que ya no tengo miedo, ¡que ya no me callo más!».

 

Rosa Zarate, 
Villa 1-11-14, CABA.

 

 

“Fue una experiencia poderosa e inigualable, aquí, en nuestra provincia, con mis compas del barrio, escuchando y sintiendo que no estamos solas. Y que somos un montón, defendiendo los mismos derechos pendientes. Quizá me equivoque, pero creo que las mujeres de la Argentina estamos haciendo algo único. Y por eso, a todas aquellas que no hayan participado, amedrentadas por las mentiras de la televisión, quiero invitarlas a no faltar nunca más: es hermoso gritar, sin que nadie te quiera callar”.

 

Soledad Zulma Acosta, 
San José Obrero, Chaco.

 

 

 

“Pude llegar al Encuentro gracias a mis hijas, que hicieron lo imposible para viajar. Yo estaba negada, pero necesitaban que una mayor las acompañara… ¡Y vine! Ahora, con la remera puesta de La Poderosa, para defenderme a mí y a mis compañeras, no sólo me siento subida a la moto, sino también arrepentida de no haber saltado antes. Porque sí, el taller de Economía Popular tuvo mucho más de economía que de popular, pero ahora nos hacemos escuchar”. 

 

Susana López, 
San Juan Bautista, Formosa.

 

 

“Me voy fascinada con mi debut, desde los talleres, hasta la relación que alimentamos con todas las mujeres de América Latina, sumando voces y levantando una mística que no tiene techo. Ahora, me toca transmitirle cada experiencia vivida a cada vecina que no pudo venir, para fortalecer a nuestro barrio y para que todo este viaje no se pierda en palabras sueltas: debemos hacernos eco de la realidad, para que finalmente un día nos podamos respetar como sociedad”.

 

Mabel Durán, 
Barrio 15 de septiembre, Salta.

 

 

“Siento mucho orgullo y una inmensa emoción al reafirmar que tantas, pero tantas vecinas llevamos la dignidad como bandera. Y esta vez, tras mi segunda participación poderosa en el Encuentro, me llevo como principal ganancia la convicción de seguir luchando sin bajar los brazos, para cambiar este sistema. Sólo así, podremos tener los barrios que nos merecemos. Y hasta ahí, sólo nos puede llevar esta unidad, que representa nuestra más poderosa sororidad”.

 

Jésica Azcurraire, 
Villa 21-24, CABA.

 

 

“Con mis 59 años a cuestas, tras participar en los últimos tres Encuentros, de algo me voy segura: no me pienso perder el próximo. Allá por 2004, cuando recorríamos los primeros kilómetros arriba de La Poderosa, éramos realmente muy pocos y pocas, luchando contra todo. Y por eso ahora, ver tantas mujeres empoderadas, me llena el corazón. Vuelvo al barrio con las energías renovadas y con más aprendizajes que podré poner en práctica, allí, en el barro, donde nacimos y donde resistimos”.

 

 

Nely Vargas,
Zavaleta, CABA.

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