11 diciembre, 2017
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Ni muerta, ni presa, ni callada

 

* Por Dahyana Gorosito,
víctima de violencia machista.

Dolorida, exhausta, agotada, después de 9 meses, le pedí al padre de mi beba que por favor me llevara hasta el hospital. Y me subió a su auto, sí, pero a los pocos minutos frenó ante un descampado, detrás del dispensario en Unquillo, donde me obligó a bajar, donde me obligó a parir. Me saqué la campera, la tiré al piso para acostarme y comencé solita el trabajo de parto. Así, con todo ese dolor y toda esa angustia, rompí bolsa para que Selene naciera. La miré, la sentí, la tapé con un abrigo… ¡Y me la sacó de las manos! Amenazándome con una tijera, se la llevó y prometió asesinarme junto a su hermano, porque creía que la beba era fruto de una infidelidad con él.

Luis Oroná se llama el padre de mi beba.
Y el asesino de mi beba también.

No paraba de llorar. Cerré los ojos y no me dormí, me desmayé en el pasto hasta las 2 de la tarde, cuando me levanté y me fui como pude hasta mi casa. Necesitaba urgente ver a mi hija, pero al llegar me dijeron que habían decidido darla en adopción, hasta que yo encontrara un lugar adonde irme. Y al día siguiente, su madre me trasladó al hospital, pero no para que me revisaran, sino para obligarme a denunciar a los médicos por mala praxis, asegurándome que si yo no contaba esa historia, mis hijos quedarían sin madre…

Mientras yo luchaba por mi vida, aquel 19 de mayo de 2016, Luis buscaba testigos contratados para sostener que sí me había llevado a parir ahí y su familia difundía por todos lados que se habían robado a la beba de la sala de partos. A mí, debieron internarme por una infección que generó la placenta e intenté fugarme, pero me volvieron a llevar.

De ahí, minutos más tarde, me trasladaron a la cárcel. Mi hija, mi hijita, esa luz que había visto unas horas atrás, había aparecido muerta en la casa de mi pareja. Y me acusaron a mí, «por no haber impedido su muerte». En cuestión de días, perdí a Selene y a Luisito, mi hijo de cuatro años, al que aún hoy me impiden ver: así aprendí yo cómo funciona un sistema machista y violento. Antes no me daba cuenta de la crueldad que me rodeaba, como tampoco lo advertía cuando mi padrastro fajaba a mi mamá.

Quizá por eso, sentí mucha emoción cuando salí del tribunal y me topé con todas esas personas afuera, sosteniendo los carteles que decían “Absolución para Dahyana”. Pasé un año en la cárcel, acusada increíblemente de “omisión”, pero ese montón de gente me creyó y me apoyó, como nunca lo hizo el tribunal del patriarcado que nos mata. Y nos calla.

¿Saben qué? No pudieron, hoy las mujeres estamos más juntas, abrazadas como todos los días me abrazo al recuerdo de mi beba. No pudieron ellos y no pudo la prisión, que parecía el fin del mundo: hoy me levanté para retomar los estudios y no pienso detenerme hasta recuperar a mi nene, que sigue necesitando mi amor, mientras los medios de Córdoba y la Justicia siguen invisibilizando al responsable de tanto dolor… No pudieron y no podrán esta vez.

Voy a luchar hasta el último día de mi vida,
por amor a mis dos bebés.

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