8 marzo, 2018
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Paren

 

 

Hoy escribimos nosotros, porque nosotras no estamos. Paramos, tenemos ovarios. Y nosotros nos quedamos poniendo huevo en los barrios, mirando perplejos esa montaña de paquetes que hoy se niegan a expulsar mágicamente sus fideos, que no saltan autoconvocados a una olla, que no tienen la deferencia de caminar hasta los platos, que tampoco saben ponerse una mísera salsa y que ni siquiera son capaces de levantar la mesa, justo el día que nos faltan las repartidoras de peras. ¿Las ricas? No, las villeras.

 

Y bueno, man, aprovechemos que no están, para decir la posta: no puede ser que tengamos que hacer este laburo de bosta, cuando ellas lo podrían padecer desde el más profundo placer. O si no, cómo se explica que todavía lo hagan 9 de cada 10, cada día y cada mes, ¿eh? Qué somos entonces, moralistas, ¿machistas? Naaa, imposible, hasta el crecimiento invisible sabe cuánto se paga la hora de una empleada, cuando lava los calzones de otros. ¿Qué nosotros? Bueno, tampoco nos pueden mandar al infierno, cuando somos los cantautores del Producto Bruto Interno: no por nada le delegamos al reino encantado del patriarcado, el régimen atroz de todos esos «quehaceres»… ¿Paga dios? No, las mujeres.

 

¿Se imaginan cuál sería el resultado, si algún día fuera remunerado ese inmenso trabajo que se hace por lo bajo, para que tus ídolos puedan jugar, para que tus rockstars puedan violar, para que tus parlamentarios puedan ahorrar, para que tus científicos puedan investigar, para que tus periodistas puedan engañar, para que tus empresas puedan tercerizar, para que tus escritores puedan pensar, para que tus gobiernos puedan privatizar? Pensalo bien y volvelo a pensar otra vez, que a lo mejor estabas distraído. O por ahí marchás tan deconstruido, que repartís lo que cobres… ¿Son buenas? No, pobres.

 

Y si tenés alguna duda, vení agarrá la data dura: las damas de la economía informal perciben un 40% menos que los hombres, un tercio de las empleadas labura en negro y apenas el 5% de las activistas integra cargos directivos en sindicatos u organizaciones. Pero encima, cuando eligen embarazarse para poder cobrar una asignación universal, superando la tentación del aborto recreativo que truncaría el negocio, también les va como el orto porque 5 de cada 10 contratadas con hijos recibe un salario precarizado, sin días por enfermedad, ni licencias por maternidad. Ahora, si encima de mujeres, mamás y negras pretendieran ser gordas, al carajo, ¡no les gusta el trabajo! Igual calma, gente, cada 5 minutos nace un bebé de otra madre adolescente, sin ESI, ¡pero quizá sea Messi! O tal vez pueda renovar el ejército servil que alimenta las utopías de unos pocos argentinos. ¿Ironías? No, 500 mil abortos clandestinos.

 

¡Teléfono! Sin celular, ni computadora, ni servicio de internet, las promesas sobre el bidet decrecen, para ese 20% de argentinas que se desarrolla laboralmente adentro de las cocinas, como el 40% de las progenitoras que resisten a las topadoras y subsisten a la multifunción sin ninguna otra opción, cuando les cierran las guarderías o les abren las comisarías. Ni aguinaldo, ni vacaciones, para 4 millones de Mujeres Nuevas que necesitan descansar. ¿Son estimaciones? No, jefas de hogar.

 

Hoy escribimos nosotros en presente, porque nosotras estamos escribiendo la historia. Paramos, porque tenemos memoria. Pero no todas eh, guarda, tampoco vendamos humo, porque mientras tantas gargantas hacen hervir la calle, jactándose de cuántas vamos, cuántas somos, cuántas seremos, a nosotros nos toca repartir las peras, sin dejar de gritar: hay muchas compañeras que hoy no pudieron parar, ni marcharon, ni arengaron, ni se pasaron toda la noche despiertas. ¿Las vagas? No, las muertas.

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