28 marzo, 2018
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San Luis ¿Otro país?

Alejandro, con los ojos llenos de miedo y el cuerpo marcado por la brutalidad policial, decidió no callar más. Porque la comisaria 4ta  sabe más de apremios ilegales que de derechos humanos, y porque las razzias policiales son una política del gobierno provincial para mostrar que se está trabajando por la seguridad de un pueblo que no lo incluye. 

 

Ale, es un vecino de San Luis, el cual prefirió elegir otro nombre para contar su historia porque el terror a que se repitan las torturas que recibió no lo deja decir su nombre. 

 

“El 9 de marzo, estaba con mi sobrinita en mi casa y entraron los milicos pateando puertas. Me agarraron del pie y me arrastraron afuera para esposarme. De nuevo a rastras me llevaron al móvil, donde me tiraron gas pimienta: ¡No podía respirar y me quemaba toda la cara! Cuando llegamos a la Comisaría 4° me golpearon salvajemente, al punto de que me quebraron en la espalda palos de escoba y una madera. Pero no solamente a mi, sino también a mi hermano y a otro pibe que vive en frente de mi casa” dijo Alejandro. 

 

«Nos tienen de punto» añadió desde un rincón su madre, denunciando que las violentas visitas policiales se han vuelto moneda corriente en su familia. «Nos discriminan por ser villeros» gritó, porque esta vez no quiere seguir callando.

 

La voz de Alejandro irrumpió el silencio y continuó su relato. «Nos llevaron a una revisión médica bajo amenaza: si contábamos lo que había pasado nos esperaba otra paliza en la 4ta. Por eso, cuando el doctor me preguntó si tenía algo, tuve que hacer de cuenta que todo estaba bien. Pero los moretones y las marcas que tenía en la cara y el resto del cuerpo, estaban a la vista. Me revisaron así nomás, como si nada pasara, aunque se dieron cuenta de mi estado».

 

Alejandro sufre torturas y detenciones ilegales desde los 16 años, ahora tiene 19 y se siente preso en su propio barrio.

 

 “Esta vez tuve más suerte, porque no me picanearon, ni me desnudaron, ni me hicieron correr por el campo mientras me tiraban balas de goma, como tantas otras veces lo pasé. Esta vez safé”,  sonríó tímidamente, mientras nos mostraba las marcas viejas que los cables pelados le dejaron en su brazo izquierdo, durante un secuestro anterior.

 

«Que se entere la cana que San Luis está despierta, en una provincia en donde los medios callan mientras nuestros pibes sufren, y que hoy más que nunca gritamos que San Luis quiere urgente ¡Control popular a las fuerzas de seguridad!»