2 mayo, 2018
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A 15 años de las inundaciones en Santa Fe, 15 gritos de sus sobrevivientes

 

 
María Claudia Albornoz (Barrio Chalet)
“Carlos Alberto Reutemann, el gobernador de Santa Fe en ese momento, fue el responsable de la inundación del 2003 y ese día no dio la voz de evacuación. En realidad, lo que hicieron a través del intendente Marcelo Álvarez fue decir todo lo contrario: dijeron que nos quedáramos en el barrio esa mañana. Para el gobierno provincial quienes no se habían ahogado, no fueron reconocidos como víctimas oficiales. Esto generó muchísimo dolor en las familias del oeste porque mucha gente murió de un ataque cardíaco por el horror de ver su casa bajo el agua. Fueron 23 los muertos reconocidos por el gobierno provincial y 158 los que después revelaron los organismos de DD.HH.”.
 
 
Laura Alegre (Barrio Arenales)
“Esa mañana escuché en la radio a los políticos y periodistas que afirmaban que no nos íbamos a inundar. Yo veía cómo en la esquina de mi casa se venía el agua, como si fuera el mar. Con mi padrastro agarramos lo que pudimos y subimos al techo. Estuvimos ahí hasta la noche, escuchando los gritos. Mi abuela falleció por un ataque de presión causado por lo que estábamos viviendo. A 15 años, me siento olvidada. Y, mientras tanto, mucha gente sigue eligiendo a Reutemann”.
 
 
Víctor Daniel Araujo (Barrio Chalet)
“Decidí encerrarme en mi negocio para cuidar mis pertenencias. Cerca de la noche el agua seguía subiendo. Entonces me subí al techo de la heladera, mientras veía que el agua estaba a casi dos metros y pensaba en que me iba a ahogar. Por suerte llegó un vecino en canoa, golpeó a la puerta y me llamó: “¡Daniel! ¿Qué estás haciendo ahí?”. Me tuve que zambullir para abrir con la llave. Me dio pánico. No me salían las palabras. El muchacho me pedía que le conteste y me golpeaba las persianas, hasta que finalmente se abrió la puerta y salí en canoa”.
 
 
Irma Beatriz Ayala (Barrio San Lorenzo)
“Nos evacuamos en la Iglesia Inmaculada. Estábamos tirados en un colchoncito, todos amontonados. Pasé más de un mes fuera de mi casa. Cuando volví, había un caballo muerto en la galería. Tuvimos que sacarlo. El empezar de nuevo fue todo un trauma. Teníamos miedo de que volviera el agua. Costó mucho, y hasta ahora hay cosas que no pude recuperar: ni siquiera tengo un ropero. Si nos decían la verdad a tiempo, se podría haber prevenido”.
 
 
Mónica Benítez (Barrio Centenario)
“Vivíamos en la planta baja del Fondo Nacional de la Vivienda. A la medianoche ya teníamos el departamento tapado de agua. Subimos con mis hermanos, mi cuñada y sus hijos a la casa de mi mamá, en el tercer piso. Estábamos amontonados y los chicos lloraban. Ya se había cortado la luz: estaba todo oscuro y escuchábamos gritos de auxilio. Veíamos a la gente arriba de los techos y las canoas que pasaban con gente”.
 
 
Jésica Cáceres (Barrio Santa Rosa de Lima)
“Yo tenía 13 años. Ese día me levanté y lo primero que vi fue el agua debajo de mi cama. Con mi mamá empezamos a levantar todo, pero no pudimos salvar nada. Nosotras nos fuimos de casa, pero mi hermano se quedó en el techo porque le tenía mucho miedo al agua. No supimos de él por dos días. ¡Llegamos a pensar que había muerto! Finalmente, lo encontramos en un centro de evacuados”.
 
 
Silvia Cáceres (Barrio Santa Rosa de Lima)
“Mi marido supo que se venía el agua y nos fuimos con mis hijos más chicos y mi nuera. Al otro día, nuestra casa se inundó. Mi tío Domingo no quiso salir y el agua le cerró la puerta. Cuando todo bajó, un familiar lo encontró muerto arriba de la mesa. Más o menos un mes después volví al barrio. Era todo destrucción. Montañas de muebles y  electrodomésticos rotos en todas las cuadras. Parecía una escena de guerra”.
 
 
María Escobar (Barrio Santa Rosa de Lima)
“Al principio, cuando decían que se venía el agua, no lo creíamos. Nuestro barrio fue el que se inundó primero, como a las 9 de la mañana. Ahí empezamos a levantar nuestras pertenencias hasta que nos dijeron que no lo hagamos porque el agua iba a pasar el techo. En ese momento sentí que mucha gente se iba a ahogar. En el medio de esa desesperación, no se escuchaban gritos. O yo, por lo menos, no los escuchaba”.
 
 
Jorge Martínez (Barrio San Lorenzo)
“Yo tenía 4 años. Recuerdo que estábamos en mi casa con mi familia, escuchando la radio, hasta que en un momento mi abuela dijo que se venía el agua. Sentí un miedo muy feo, porque no entendía qué estaba pasando. Mi abuela me consolaba y me decía que ya iba a pasar todo. Después juntamos lo que pudimos y nos fuimos. Nos quedamos como dos meses en la casa de un vecino. Fueron días muy tristes. Tuvimos que volver a empezar de cero. El Estado nos abandonó en el peor momento”.
 
 
Analía Molinari (Barrio Chalet)
“Nos fuimos del barrio después de las inundaciones, pero volvimos casi ocho meses después, en diciembre, a la que era nuestra casa. Fue raro: volvíamos a un mismo lugar pero, a la vez, el lugar ya no era el mismo. En nuestro caso volvíamos sin mi abuela, que tenía 71 años. Ella ya se había inundado, y las tormentas la angustiaban mucho. Esa semana le dio un pico de presión y falleció el 2 de mayo. El Estado no la reconoció: no forma parte de la lista oficial de víctimas”.
 
 
Martín Mónaco (Barrio Roma)
“Estuve casi dos semanas fuera de casa. Cuando volvimos, pasábamos horas enteras limpiando. Las paredes estaban llenas de barro y sal. Se sentía el olor a podrido, a pescado. A pesar de todo, destaco la solidaridad de los vecinos. Había ollas populares, algunos daban raciones de comida y otros infusiones calientes. Apareció una Santa Fe solidaria, donde la gente abrió un poquito más la cabeza, empezó a mirar más al otro, a colaborar”.
 
 
Mercedes Riarte (Barrio Chalet)
“El Estado nunca estuvo presente. Nosotros mangueábamos pañales, alimentos, ropa. Era siempre el miedo de que la plata no te alcance para mañana. Cuando volvimos al barrio después de las inundaciones, encontramos la casa en pésimas condiciones. Todos estábamos en una situación deplorable, salvándonos, y cuidando de que no le pase nada a nadie”.
 
 
Beatriz Seguro (Barrio San Lorenzo)
“Ese día yo estaba trabajando y escuchaba cómo la gente en la calle gritaba que se venía el agua. Me fui desesperando, y lo primero que pensé fue en mis hijos. Llegué a mi casa y nos evacuamos. Además de perder mi casa, perdí a familiares que murieron ahogados. Es un momento muy doloroso para mí. Espero que los culpables paguen por esto, porque se pudo haber evitado y nadie hizo nada”. 
 
 
Morena Vargas (Barrio San Lorenzo)
“Tenía 5 años. Recuerdo los botes, la casa tapándose de agua y la gente gritando. Sentíamos mucho miedo. Era muy triste ver cómo lloraban mis padres. Nos abrazamos y mi papá me decía que ya iba a pasar, que me quedara tranquila. En ningún momento se despegó de mí. Perdimos todo. La casa hubo que hacerla de nuevo, no quedó otra.”
 
 
Horacio Vidal (Barrio Chalet)
“Hoy estoy convencido de que se pudo prevenir, porque nunca se terminaron las obras. Y después, tampoco estuvo bien organizada la ayuda. El Estado nos abandonó. No nos dieron ninguna solución, y los vecinos tuvimos que salir solos. Luego nos indemnizaron, pero con muy poco. Me dieron 4 mil pesos y yo había perdido cerca de 30 mil. De todas formas, por más que te den 3 millones, se murió tu abuelo. Eso no se compensa con nada”.

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