3 mayo, 2018
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“Sentí que los chicos volvían a desaparecer”

 

Por Marta Ungaro, hermana de Horacio Ungaro, secuestrado y desaparecido en la Noche de los Lápices

 

Juan Miguel Wolk era el responsable máximo del atroz Pozo de Banfield, el temible centro de exterminio donde fueron detenidos y asesinados los chicos de la infame Noche de los Lápices, donde funcionó una maternidad clandestina y donde había un piso de uruguayos y chilenos víctimas del Plan Cóndor. Este genocida, que había sido condenado en el Juicio a las Juntas, quedó en libertad con la ley de Obediencia y Punto Final: en los años posteriores se lo dio por muerto y jamás se lo citó a declarar. Corría el año 2007  cuando lo localizamos vivo, cobrando su jubilación y viviendo en el Bosque Peralta Ramos de Mar del Plata. Lo reconocimos, luchamos y en el año 2009, pudimos volver a meterlo donde pertenece.

 

 

La historia podría haber termiando ahí, pero el pasado 25 de abril el Tribunal Federal N° 1 de La Plata dictó la excarcelación de este asesino y por eso, seguirá gozando de su prisión domiciliaria. Cuando me lo comunicaron, con mucha bronca y dolor sentí que los chicos volvían a desaparecer. Esta vez, era la Justicia la que los mandaba de vuelta al Pozo de Banfield. Y pensaba: ¿tantos años de democracia para esto? Sabemos que si los crímenes de la dictadura no tienen castigo, se repiten. Este mismo tribunal ya dio un nefasto 2×1 en uno de los casos y que está otorgando excarcelaciones todos los días y, en consonancia con la línea política de un gobierno nacional al que no le interesan los juicios, aseguran que no puede hacer nada, pese a tener todos los elementos para juzgar a Wolk. Hay una hoja que fue entregada por un represor en el juicio a las juntas donde clasifican a mi hermano como de “peligrosidad mínima”. Además, hay otro documento tachado, donde figura el nombre de Horacio y que pasó por el centro clandestino.

 

 

¿Cómo era Horacio? El más chico de nosotros cuatro, rubio, de ojos verdosos, apasionado por los deportes y por la literatura. Estudiaba en el colegio secundario Normal n° 3 y militaba en la UES, donde participó activamente en la lucha por la obtención del Boleto Estudiantil Secundario. Eran tiempos peligrosos, pero él soñaba con un país más justo y solidario, y sus sueños se volvieron una convicción: antes de la madrugada en que lo desaparecieron, estaba junto a Daniel Tracero pintando el guardapolvo con el ojo y la lágrima de Guernica, para ir a la escuela al otro día.

 

Por eso, es importante que entre todos reivindiquemos los ideales de los chicos que desaparecieron, de toda una generación que luchaba por la igualdad de oportunidades. Porque ese mundo mejor todavía no se ha conseguido. Y también debemos continuar y renovar nuestra lucha, porque queremos saber dónde están cada uno de los chicos que nacieron en el Pozo de Banfield que todavía buscan su identidad: Wolk sabe bien a quiénes los entregó. Para buscar justicia por los 30.000 y para que el genocidio no quede impune: la garganta grita y los lápices escriben “Cárcel común, perpetua y efectiva.”

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