6 julio, 2018
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A pesar de los invasores, estamos vivos y presentes

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La fundación de la ciudad de Córdoba aconteció hace ya 445 años, a la margen del Río Suquía, justo donde ahora se emplaza un monolito conmemoratorio y a pocas cuadras de nuestra asamblea poderosa de Yapeyú. Y ahí, enclavamos permanentemente la necesidad de urbanización que este acto conquistador prometía hace cuatro siglos y medio. No fue la única promesa que quedó sin cumplirse: el «fundador» Jerónimo Luis de Cabrera disponía ante el notario del evento que los indios de la comarca no serían vejados ni molestados.

 

La realidad fue (y es) otra: Hugo Acevedo, perteneciente a la comunidad originaria comechingona de La Toma, denuncia que “según escrituras estudiadas ese día siete entraron y mataron: hicieron limpieza. Los que quedaron fueron a parar cerca de la localidad de La Calera. Inmediatamente, de Cabrera le entregó esas tierras a Juan Mitre, el encomendero, quien se encargaba de manejar todo, para empezar a formar lo que es Córdoba”. Estos descendientes del pueblo invadido aquel julio histórico organizan hace cuatro años, en un acto de revisionismo histórico, el contrafestejo por la identidad Comechingona, con ofrenda al río Suquía.

 

En la Córdoba de hoy, y en la de 445 años atrás, las comunidades seguimos sufriendo sus sistemáticas invasiones: ¿O qué es la apropiación de La Casona del pueblo comechingón? ¿O qué fue el desalojo al barrio comunitario Parque Esperanza, de Juárez Celman? ¿O qué son las razzias constantes a las que nos someten las fuerzas policiales, incluso en el primer barrio de Córdoba? El objetivo, ahora más sutil, consiste en desgastar procesos comunitarios y territoriales. Por eso, junto a todos los oprimidos de la ciudad, seguimos reclamando por el acceso al territorio y por una vida digna en estos tiempos de capitalismo financiero neoextractivista que destruye a la Pacha Mama, rebajándola a meros recursos naturales para ser mercantilizados.

 

La defensa de la tierra que enseñan nuestros hermanos comechingones nos alienta a militar en nuestras villas, y en cada rincón donde la memoria no sea para reivindicar a los vencedores, sino para revivir la cultura originaria que respira en las venas cordobesas.

 

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