2 julio, 2018
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Un año sin Rosalía

 
 

 
 
 
*Por Mónica Pérez, tía de Rosalía Jara, desaparecida a sus 18 años
 
 
Vivo en Fortín Olmos, un pueblo de 2500 habitantes en el norte de la provincia de Santa Fe. Acá nos conocemos todos. El año pasado, por primera vez desapareció una joven, mi sobrina. En ese momento tenía 18 años. El 1 de julio del 2017 Rosalía había salido por la noche al bar del club “El Fortín” a jugar a las cartas. Ese día recibió varias llamadas telefónicas y a la última la atendió cruzando el alambrado del club pasadas las diez. De ahí se dirigió hacia una garita sobre la ruta: nadie supo nada de ella desde esa vez. 
 
 
Catorce llamados tuvo ese día, todos de su exprofesor de Educación Física, Juan Valdéz. Él fue detenido dos semanas después pero nunca confesó qué ocurrió con Rosalía. Además, en un allanamiento, los perros detectaron algo en su coche, hubo indicios de que ella estuvo ahí. El juez de la causa ordenó un examen de ADN, el resultado nos descolocó: el profesor resultó ser el padre de su hijita, Alma. Casado y con familia, reconoce que era amante de mi sobrina desde sus catorce años. 
 
 
Sabemos que algo tiene que ver con el caso, pero no quiere hablar. Ahora tiene prisión preventiva, aunque jamás aclaró los hechos. 
 
 
Encima le da la cara para pedir la libertad condicional… ¡Mientras las mujeres exigimos la emergencia nacional!
 
 
 Y la verdad es que no nos interesa si era su amante, si reseteó su celular para que no lo descubriera su esposa: pedimos que diga qué fue lo que habló con ella aquella vez. Eso nos importa. 
 
 
Hoy exigimos la geolocalización, es la última pericia que nos falta. Esto puede decir quiénes estuvieron alrededor del teléfono de Rosalía con un margen de error de cinco metros. Todavía no se hizo porque el Estado Provincial se excusa con que falta dinero. También pedimos el ADN de unos pelos que se encontraron en un nido de carancho; pero, de tantas vueltas que dieron, los bulbos llegaron secos porque no hubo resguardo de las pruebas.
 
 
Para que la policía viaje por la región simulando un espionaje, hay plata. Pero la geolocalización no es para nada barata, ¡no vaya a ser cosa que desentrame una red de trata! 
 
 
Hemos recibido amenazas y provocaciones; nos dijeron que nos iban a hacer juicio, aprietan testigos. Siempre nos quieren asustar pero yo no tengo miedo porque estoy segura de que no quiero que vuelva a pasar esto en mi pueblo. Por eso gritamos, con nudos en la garganta: tenemos muy claro que si nos quedamos callados nos van a seguir desapareciendo pibas. Lo que pedimos es que se esclarezca el caso, necesitamos saber dónde está Rosalía Jara. Exigimos que la encuentren, y que dejen de decir que faltan fondos. A mí me falta mi sobrina.
 
 
Sentir el apoyo y el calor de la gente a una le da más fuerza y más ánimo para seguir la lucha, que no es nada fácil. Seguiremos estando presentes, gritando basta, queremos que el pueblo se levante.
 
 
¡Hasta que no aparezca Rosalía, vamos a seguir adelante!

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