15 agosto, 2018
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Diez meses de emergencia escolar, diez meses sin respuesta estatal

 
 
El barrio Aeropuerto de la ciudad de La Plata amaneció el domingo 29 de octubre de 2017 con un incendio que arrasó con más de la mitad de las instalaciones de la Escuela Provincial N° 23, ubicada en avenida 7 y 601. Pasaron casi diez meses ya y el Estado no sólo que no inició obras para reconstruirla, sino que tampoco se ocupó de limpiar el lugar, tapiar o precintar la entrada ante el peligro de derrumbe que presenta el edificio. Hoy en día, Norma Garrido, Rosario de la Mata y poco más de treinta profesores y profesoras, sostienen como pueden la sede de FinEs con más de doscientos estudiantes en siete divisiones, muchos y muchas provenientes de otras dieciséis sedes de la zona que el gobierno cerró en estos años, y que actualmente cursan en la escuela en la que además funcionan otras tres instituciones (primaria, secundaria y primaria de adultos), viéndose en la necesidad de tener clases más horas y más días a la semana por contar con un espacio mucho más reducido. Días y horas que, por supuesto, el Estado no está pagando.
 
 
El día del incendio las llamas ardieron en cuatro focos, por lo que está claro que fue intencional, lo que no se sabe es quién fue ni por qué lo hizo. A los pocos días, a pesar de la adversidad, los y las estudiantes decidieron bancar la situación y quedarse en la escuela, que actualmente cuenta con sólo cuatro aulas habilitadas, de las cuales dos ocupan lo que antes era el comedor, con lo cual muchas veces las clases se dan en en los pasillos, en el patio o bajo los árboles.
 
 
Al momento de lo ocurrido distintas autoridades salieron a hablar: dijeron que en diciembre iban a estar los planos, que a más tardar en marzo de este año arrancaba la obra y que en junio la escuela ya estaría funcionando normalmente, entre otras promesas que la Dirección Provincial de Infraestructura Escolar nunca cumplió.
 
 
Ante la desidia, la organización y los reclamos no se hicieron esperar, trabajadores y trabajadoras de la escuela se movilizaron a municipio, pasaron por provincia, por nación, por Jefatura Distrital, por Defensoría del Pueblo y por la DPI sin obtener respuestas ni soluciones, sólo más y más promesas incumplidas. Tuvieron que plantarse en la puerta de Casa de Gobierno:
 
“Hicimos una maqueta de cartón de la escuela, y la prendimos fuego”, cuenta Rosario.
 
Así lograron abrirse paso entre la burocracia y el claro desinterés estatal. Los mayores conflictos los tuvieron con la DPI, desde un comienzo fueron mal atendidas por Mateo Nicholson, hoy con licencia pero todavía ocupando su cargo de director. Nicholson, que nunca quiso mostrar ningún documento que certifique lo que les garantizaba, se la pasó prometiendo y asegurando fechas y plazos que jamás cumplió, coordinó reuniones a las que luego no asistió. Con todo esto, siguió mintiendo una y otra vez sobre el estado de las licitaciones (que tampoco quiso publicar), llegando a decir que ya estaban en la oficina de contrataciones, despacho que después se descubrió que no existía. Luego de muchas vueltas e insistencia, sólo enviaron tres obreros a limpiar a la escuela, contratados en negro. Tras seguir presionando, movilizándose en conjunto con los padres de los estudiantes, los trabajadores y las trabajadoras lograron que Nicholson fuera a la escuela: ni siquiera se dignó a leer el documento de la licitación, que se la terminó dando a una empresa de Tolosa amiga suya, pero prometió que a principios de agosto comenzaría la obra. Todavía seguimos esperando.
 
 
Hoy en día, la Escuela N° 23 sigue sin comedor, alimentando a sus chicos y chicas con viandas de una empanada por cabeza y verdura en mal estado que le bajan desde Consejo Escolar, con baños químicos sin luz ni canilla, sólo con alcohol en gel para lavarse las manos.
 
 
Luego de lo que pasó hace dos semanas con la escuela N° 49 de Moreno, esto ya no sorprende, pero indigna cada vez más: el desinterés del gobierno nacional, provincial y municipal sobre el deplorable estado de la educación pública no podría ser mayor. “Nos atacan por todos los frentes. Lo que nos pasó, al igual que lo que mostró Moreno, tiene que hacernos tomar conciencia de la necesidad de decir basta a ciertas situaciones que ya no se pueden sostener” sentencian Rosario y Norma, alzando el grito de una comunidad educativa que no retrocede.
 
 
Este jueves 16 de agosto a las 8 habrá una nueva reunión en la escuela, en la que se espera que participen padres, madres y toda la comunidad, para que den explicaciones de por qué aún no se ha comenzado la obra, y exigir que la inicien de una vez.

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