3 octubre, 2018
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«A mi hijo, lo mataron por toba»

 

Hoy hace un mes que fusilaron a Ismael, en Chaco.
Y su madre decidió romper el silencio, a los gritos.

 


 

* Alejandra Ciriaco,
una mamá toba.


Pasan las horas, pasan los días y cada vez me siento peor, no sabría escribirlo. No estoy mal, estoy destruida. Y no sé cómo seguir, no soporto toda esta bronca, ni toda esta impotencia, ni toda su ausencia. No pasaba una sola noche sin que le dijera cuánto lo quería. Ayer no pude. Hoy no puedo. Ya no podré. Cada tarde, cuando veo a los chicos jugando en la canchita, lo imagino ahí, corriendo con ellos, alegrando la casa, iluminando a mi familia. Un nene, mi nene. Sin él, me falta todo eso. Me veo débil, sin fuerza y sin ganas de ver caer el sol, una vez más, porque al atardecer me invade una desesperación que me paraliza el cuerpo y me gana la tristeza. Es la hora de sentarme a tomar mate, ¡pero sentarme a tomar mate con Ismael! Sobrevivo a la noche como puedo y vuelvo a despertar, esperando encontrarlo ahí, acostado, en su cama.

Nos mataron.

A un mes, no hay detenidos ni imputados en la causa. Y no es casualidad que permanezca en libertad el único sospechoso. Un video que se difundió, permite ver y escuchar: “Pelado, pelado, no tires porque vas a matar a un niño… ¡¿Por un indio vas a ir preso?!”. Si mi hijo hubiese sido un blanco, tal vez no hubiera gatillado, quizás hasta lo hubieran respetado. Hubo muchas versiones, pero no hay ninguna certeza. Y mientras más pasa el tiempo, más miedo le tengo a la impunidad. Porque sí, al principio había muchos testigos dispuestos a declarar, pero poco a poco fueron arrepintiéndose, por motivaciones que seguramente no podremos conocer. A mí, ni siquiera me permitieron ver los videos de las cámaras de seguridad. La causa está completamente frenada. Y desde el Gobierno no hacen nada para esclarecerla. 


¡Ni siquiera se acercaron para saber cómo estamos!

Los días posteriores al crimen llovieron publicaciones con fotos de niños sosteniendo armas, como si fueran él, basureándolo por ser un “indio” o “un paisano de mierda”. ¡No puedo soportar tanta humillación! Mi hijo fue víctima de toda esa discriminación, ¡lo mataron por Toba! Lo mataron por negro. A mí me lo mataron, a mí que también perdí a mi hijo más grande, un año antes, porque se suicidó. Con fuerzas de no sé dónde, yo recién comenzaba una rehabilitación infinita del dolor, cuando volvieron a partirme en mil pedazos. ¿Cómo pueden dormir tranquilos? Yo ni siquiera puedo. Y tengo claro que para muchos será un «caso policial», «una noticia» o «un pobre menos», ¿pero saben qué pasa?

Para mí, es mi bebé.
Y ya no está más.