7 noviembre, 2018
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Basuras

 

Basura, sí, basura imposible de digerir, basura para sobrevivir diariamente, basura libre de cobre, basura para compartir entre toda la gente, pobre. Basura que se junta por acá, cuando ya la deshecharon por allá, comida vencida que vuelve a cobrar vida junto al Río Paraná. Basura ilegal, en Corrientes Capital. Basura para revolver, como la televisión, pero sin poder. Basura nauseabunda, que aromatiza e inunda 700 casas tomadas por los gritos. Y los mosquitos. Basura para acallar a toda una asamblea, con problemas respiratorios, intoxicación y diarrea. Basura, tapando a las ratas, que no mandan los insumos del Estado. Basura del mercado, por encima de los individuos. Basura made in USA, como la coorporación LUSA que monopoliza la recolección de residuos, antes de volverlos caridad en otro restaurant que Píparo celebrará en sociedad. Basura de mierda, de lodo, de hongos, de chatarra, de animal muerto, de vidrio, de neumático, de humanidad pisoteada. Basura quemada, como bomba del humo tóxico que contamina sus sermones y tu cabeza, mientras arruina los pulmones de la pobreza. Basura irrespirable, pura porquería, que no aprueba ningún estudio de bromatología necesario para una cooperativa del barrio. Basura for export, todos los desechos industriales y cloacales que desembocan en el Pará, na, mirá. Basura oficial, esas promesas de multas para empresas que arrojasen desperdicios en puertos inhabilitados, como amables precipicios para muertos y hambreados. Basura tóxica, que contamina a la Subsecretaría de Higiene Urbana, justo cuando camina la caravana por encima de la mierda que ni siquiera se dignaron a embolzar, porque necesita encontrar algo para cenar. Basura de facto, andá, pisá y mirá, como ese misterio putrefacto va devorándose tu pierna…


Basura, pero basura en serio, 
la que nos gobierna.

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