26 noviembre, 2019
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Esperar, desesperar

 

 

*Letras por Daniel González, comunicador de Villa 20, Lugano.

 

En Villa 20, Lugano, hay un comedor que nació convertiendo la tristeza y la impotencia en lucha y organización. El comedor «El Enano» lleva su nombre en homenaje a Johnatan “Kiki” Lezcano, de 16 años, asesinado en 2009 por el policía federal Daniel Veyga. La decisión de inaugurarlo se dio finalizado el juicio, en el que el asesino resultó absuelto a pesar de todas las pruebas en su contra.

 

Cada vez son más las familias que se acercan a pedir ser incorporadas en la lista de espera. La oficialización del comedor implicaría garantizar semanalmente una dieta nutricional más equilibrada, sin tener que ajustarse a la suerte de lo que se consiga. Como nos dice Angélica Urquiza, referente del comedor y mamá de Kiki: «En una misma semana tuvimos que decirle que no a 10 familias. Eso me aterra cuando me voy a dormir, no tener la seguridad de que tendremos carne todas las semanas es terrible». 

 

Angélica, sin dejar de pedir justicia pero siendo muy consciente de la necesidad del barrio, decidió dedicarse a garantizar la alimentación de pibes y pibas del barrio que son desamparados sistemáticamente por las políticas de los gobiernos de turno. Es así que junto a toda su familia y otras 5 vecinas que fueron incorporándose: Karen, Noemí, Olga, Rocío, Elba; trabajan cocinando de lunes a viernes para garantizar la cena de 190 personas de nuestro barrio de manera autogestiva, ya que hasta el día de hoy, a pesar de varios intentos, el comedor no ha sido reconocido por el Estado.

 

Empezar con este proyecto no fue una tarea fácil. Noemí Mangarela tiene 48 años y es una de las cocineras del comedor hace 2 años. De esa manera también alimenta a sus ocho hijos todas las noches. “Nos sustentamos con un roperito de venta de prendas usadas, organizamos bingos, buscamos donaciones y recibimos mensualmente la mercadería que como organización conseguimos. Aún así la comida no alcanza y hay gente en lista de espera. Es necesario que oficialicen el comedor, porque hay nenes que se van a dormir sin comer. Yo he pasado por eso, juntar botellas y cartón hasta las 3 de la mañana», nos cuenta Noemí.

 

El reconocimiento del Gobierno de la Ciudad es una exigencia de todo el barrio y mientras continuamos luchando por la oficialización, para seguir llenando la panza de nuestros pibes y pibas nos las arreglamos con autogestión.

 

 

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