22 julio, 2021
, Trabajo Doméstico

“EL HOME OFFICE MÁS ANTIGUO DEL MUNDO“

Trabajo Doméstico

Todos los días son iguales: empezar y terminar trabajando. Ser ama de casa y empleada doméstica a la vez no es sencillo, menos si también somos trabajadoras comunitarias y no se reconocen los derechos laborales. Así es el día a día de Cintia Delgado, vecina del barrio Madres a la Lucha en Río Gallegos. Desde los 11 años se encarga de todas las tareas del hogar, desde los 18 trabaja en diferentes hogares como empleada doméstica y hace un año es parte del merendero Sonrisas Poderosas. Nunca gozó de derechos laborales básicos como aguinaldo, obra social y mucho menos vacaciones, siquiera por ser una de las tantas trabajadoras que cocina la comida que el Estado baja y que durante la pandemia está en la línea de fuego.

Hoy está embarazada de cinco meses y aún así no para: debe encargarse de lavar la ropa con el agua helada de la Patagonia y de cortar la leña para calefaccionar a su familia, tiene que ser la maestra de sus hijos aunque no haya terminado la secundaria, y no le queda otra que cuidar a su madre, que es mayor de edad: “Después de preparar el desayuno, me pongo a limpiar toda la casa; entre eso y lavar la ropa, tardo casi cinco horas y por la tarde trabajo en el merendero». Este es el “home office” más antiguo y precarizado por el patriarcado, donde tantísimas mujeres, mucho antes de la pandemia, ya estábamos puertas adentro manteniendo de pie la economía: “Mi marido hace changas y cada moneda que conseguimos la debo guardar. Con eso, hacemos una compra grande a inicio de mes y debemos usarla muy de a poco para que nos dure”.

Que la ropa ya esté tendida, las piezas acomodadas y la tarea de los chicos resuelta, no es sinónimo de descanso: “Siempre hay algo para hacer en casa; trato de hacerlo despacio y tranquila porque no puedo con todo. Con suerte, mi día termina a las 22”. No sólo se encargaba de mantener en orden su hogar, también nidos ajenos: “Desde que comenzó la pandemia no trabajo en casas de familia por el riesgo que implica. Lo que ganaba era muy poco, un salario muy injusto que debía ahorrar para llegar a fin de mes”.

Y mañana será igual,
otra vez.

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