2 julio, 2021
, NOS PLANTAMOS DE RAÍZ

NOS PLANTAMOS DE RAÍZ

Jallalla, El Sauce 1

En las Sierras Chicas cordobesas, a 43km de la capital provincial, se alza la comunidad de El Sauce, tan alejada de la dinámica de las grandes ciudades como de la acción del Estado.
Somos en total 85 familias que vivimos sin el acceso al agua potable, a la conectividad o a algo tan básico cómo un plato digno de comida.

Diariamente, las trabajadoras comunitarias cocinamos más de 100 raciones para el comedor y merendero. Elizabeth “Bochín” Saavedra, una de las cocineras y dueña de la casa donde se realiza el comedor, recuerda cómo arrancó todo: «Hace 2 años, a raíz de que algunas niñas y niños se descomponían de hambre en la escuela, decidimos arrancar con la olla popular. Al principio le dábamos de comer a 11 personas; hoy ya son más de 100». La necesidad de un espacio físico propio y acondicionado para su uso es evidente: «Muchas personas deben esperar su plato de comida a la intemperie. Y ahora con el frío es mucho más duro». Para respetar los protocolos, adultas y adultos comen afuera, mientras que las changuitas y changuitos comen adentro de la casa de Bochín, con distanciamiento, en turnos y divididos en burbujas de a diez.

Para sostener dichos espacios alimentarios, además de mucha fuerza de voluntad, es necesario tener agua. A partir de la campaña #ContagiáPotabilidad, realizamos la instalación de dos tanques de agua, uno donde se realiza el comedor y otro donde se hace la merienda. Así como también pusimos otros dos tanques más, para uso comunitario. El agua la lleva un camión cisterna, pero como no es suficiente, entre vecinas y vecinos nos organizamos para reconstruir y poner en funcionamiento un pozo que se utilizaba para extraer agua en épocas de sequía.

Aún con viento en contra, no dejamos de apostar a la educación popular como herramienta de transformación, sostenemos diversos talleres culturales, de música para guitarra y percusión, y contamos con el espacio de apoyo escolar. En julio del año pasado tuvimos acceso a internet, gracias a la campaña #ContagiaConectividad pudimos empezar a asistir a las clases virtuales, acceder a capacitaciones como computación, diplomatura en formación contra la violencia de género, ESI para adolescentes, e incluso realizar trámites. Como no teníamos dónde instalarlo, una vecina ofreció poner su casa a disposición para hacerlo.

Otro de los grandes problemas que tenemos es la falta de oportunidades laborales. Por eso, nos propusimos multiplicar voluntades desde el cooperativismo, con nuestros dos bastiones fundamentales: “Jallalla” y «Almafuerte». «Jallalla» es una cooperativa de cerámica, integrada por 4 trabajadoras, que produce tazas, cuencos, cazuelas, entre tantas otras piezas. Mientras que «Almafuerte» es una cooperativa de herrería que surge en una instancia de capacitación que tuvimos a fines del año pasado y hoy cuenta con 4 trabajadoras y trabajadores.

En medio de este paisaje serrano, sin gas y con tendidos eléctricos precarios, el frío se siente mucho más fuerte. Así lo transmite Carolina Marqués: “Los tendidos son muy viejos, ha habido explosiones e incluso el año pasado hubo cables que se cortaron y al caer con la corriente mataron dos caballos, un peligro. Y gas natural no tenemos, es envasado; la mayoría se arregla con leña”. Es por eso que ahora lanzamos el #ContagiáCalor, acudiendo a la solidaridad de la comunidad para abrigar a nuestras familias y sobrevivir a la desigualdad estructural que se siente mucho más fuerte en invierno.

Para que nuestro sauce poderoso siga echando raíces que resistan a esta cruda realidad, continuamos apostando a la construcción colectiva para alimentar nuestro sueño: tener nuestro espacio físico propio.

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