29 diciembre, 2009
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Caños de escape

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Subimos en moto las interminables escaleras de los toboganes acuáticos, una vez y otra vez y mil veces más. Mecánicas las piernas por las ganas de llegar, finalmente llegamos hasta el parque de agua, para bailar, volar, gritar y empaparnos, como precalentamiento para desafiar a la tirolesa, termómetro del tesón de los que van, Iván: seis veces se sujetó y se cayó, el Ivi, pero la séptima fue la vencida y la ovación, interminable.
Tirando paredes y descubriendo terrazas, nos dispusimos a subir todos los escalones que habíamos construido, para seguir construyendo sobre un piso cada vez más alto, porque no hay techo que nos pueda aplastar el crecimiento. No se ahogan los que flotan con las nubes, y van, Iván, porque se saben vecinos de las cumbres inalcanzables para los inimaginadores de siempre.
Soñando, luchando y pudiendo, los focos poderosos de Buenos Aires, Tucumán, Córdoba y Chubut generamos los recursos, los canales y las fuerzas, para inundar de carcajadas un sistema de caminos sinuosos, oscuros y vertiginosos, que nos sintió circular por sus venas, como una vacuna contra el individualismo. Ojos de emoción, bocas de luz y galerías de fotos, que no vamos a olvidar.

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