22 enero, 2010
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i punto

i punto.

Muchos dicen que está bien. Que cómo no va a ser así. Que más vale, no podría ser de otra manera. Que sería una locura si no sucediera. Que eso es sentido común. Que cómo querés que sea. No podés pretender teclear la i y que te aparezca el palito sin el puntito. Para qué, qué sentido tiene. Después deberías poner un punto sobre cada i y sería una pérdida de tiempo. No podés oponerte al desarrollo tecnológico y el progreso, es así y punto.

¿Es así? Todo es así mientras es. Y mientras se repite “es así”, más así tiende a ser. Y entonces los puntos sobre las íes sólo pueden ir exactamente alineados a la i… y al así como es. Y el desarrollo tecnológico y el progreso ahorran el tiempo que no se debe perder, pero que Despertador: el tiempo no es dinero.tampoco se puede guardar. Y uno se vuelve loco cuando quiere meterlo en el bolsillo hasta llegar a casa para ponerlo en la mesita de luz o debajo del colchón, y al segundo se da cuenta de que no lo tiene, a pesar de que el bolsillo no está agujereado. La costura está intacta y lo prueban las tres moneditas que se golpean con el caminar rápido, presuroso por no perder tiempo. Y ahí sí, ahí está el tiempo. Claramente el tiempo perdido, porque si fuera el tiempo ganado serían grandes fajos de billetes y no treinta centavos. Pero en “el tiempo es dinero”, que es el tiempo que no hay que perder, ya se pierde una gran parte del tiempo: toda la parte del tiempo que no consiste en acumular dinero.

Así es mejor. El punto tiene su lugar, el tiempo su manera de aprovecharse y cada uno un espacio determinado del que no debe moverse. Creía saberlo el arquero del Real Madrid, quien tenía intereses individuales cuando sostenía y, fuera de sí, gritaba como un loco, como un loco que grita, que sacar de las casillas nunca podía ser positivo. Su argumento se basaba en un error de percepción. Al parecer, había entendido que el dicho se relaciona con sacar a Casillas y él, Iker Casillas, se negaba a perder la titularidad a causa de Casillas, fuera de sí.una frase hecha. Después de aclarado el malentendido, volvió a su juicio y se tranquilizó. Como si ser juzgado fuera tranquilizador. La explicación lo puso en su lugar y nuevamente afirmó lo malo que puede ser estar fuera de las casillas, al imaginar cómo el Real Madrid y todo el que tuviera ambiciones monárquicas e imperialistas, podrían perder su poder si juntos algún día nos saliéramos de quicio, del resquicio en el que apretados debiéramos adaptarnos sin desviarnos, como el punto preimpreso de la i tipeada que nos impide poner el punto en donde quisíéramos.

Paradójicamente, “poner los puntos sobre las íes” no tiene ni un solo punto sobre la i. La i, la verdadera i, según este dicho, tiene un punto sobre sí misma. Por eso, nadie debiera temer que alguien viniera a ponerle los puntos, ya que no implica ningún tipo de agresividad, sino todo lo contrario. Supone un mundo calmo, lineal, sin alteraciones. Normal y sin acentos. De aquí, sin embargo, surge la lucha contra una discriminación basada en la nacionalidad, que niega la identidad. Si la i sólo es con punto, qué sería la i griega… la y griega. En este contexto, el desarrollo tecnológico y el progreso no han logrado limitar nuestras perspectivas de acción y podremos seguir combatiendo al autoritarismo que intenta forzarnos a poner los puntos sobre las íes en un lugar predeterminado: ÿ.

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