2 marzo, 2010
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Las putas rotativas

Las putas rotativas.Todo cabe en las latas noticiosas. Lo mismo da un choque en Panamericana, que un embarazado filipino o un tsunami en la India. Y se presentan así las plantas impresoras como envasadoras de productos prefabricados, que por su previsibilidad, no debieran llamarse noticias, pero por su formación, bien merecen llamarse información. Mañana sale el diario, con las mismas páginas que hoy. Y pasado mañana, sale el suplemento Espectáculos, como si todo el diario no fuera un espectáculo. Siguen la lógica, eso sí, de manera mancomunada, dado que todos tienen su sección Sociedad, que no es Política, ni Economía, ni El País, ni El Mundo, ni Deportes, ni Cultura, ni Información General. Pues bien, ¿qué mierda es la sociedad, sino precisamente la conjunción de todos esos factores segregados en la fantástica grilla de papel prensa? A esa loable tarea que realizan los palliris de la información, tal vez cabría sumarle alguna vez la sensatez de asociar a todos los componentes de la sociedad en un nuevo suple que realmente merezca estar escindido del periódico, y hasta con un costo aparte: el suplemento Realidad.

¡Primicia!¿Puede ser que siempre sean suficientes 24 horas para una tapa, una noticia y una conclusión? Mañana habrá, por canal, al menos tres horas de noticiero. Y salvo Confesore, santo sumo pontífice de la impunidad divina, todos los demás voceros de la irrealidad todavía ni se plantean qué cosa anunciarán entonces, con sus caras de fiscales sobre los mil cables pelados que día a día les hacen cortocircuito en el cerebro. No es que los análisis improvisados o las moralinas básicas requieran de una mayor elaboración en su profundidad pelopinchezca, pero desde aquí estamos proponiendo algún grado de procesamiento del mensaje, no ya del emisario, del comisario, del empresario, sino de nosotros, en teoría estériles receptores. Guillermo Andino dirá, conmovido, que “el mundo se ha conmovido”, si Chile duele, pero lo dirá con el mismo tono que lo dijo cuando tuvo cría la jirafa del zoológico. Y Marcelo Bonelli dirá que “nos preocupa la libertad de prensa”, porque eso le dijeron que diga. Y Santo Biasatti se irá a «otro tema”, que no será más que un tema anunciado con la indiferencia suficiente como para pasar a ser, en segundos, otro tema. Y Catalina Dlugi dirá, espectacularmente, que “ahora sí, el mundo está de duelo”, porque la tragedia en Haití vaya y pase, pero cómo digerir la ruptura de Brad Pitt y Angelina Jolie. Pasa, pasa, todo pasa. Siga, siga. Y entre tanto, vos seguís acá, frente a este incesante delivery de ficción que sutilmente va engrasándote la mirada, achicharrándote la lengua y pudriéndote el espíritu crítico, porque ahora nos vamos a un corte, y Coca Cola dice que “necesitamos menos críticos”. Por suerte, hace cien años que tenemos a Coca Cola para diagnosticar nuestras necesidades, porque de lo contrario tal vez estaríamos padeciendo las catástrofes contranaturales de una pachamama indignada. Según dicen, habrá que esperar al 2012 para sentir de verdad, que finalmente llegue el fin, tal vez bajo la furia de un tsunami de Coca Cola que generaría “estupor” en el estudio de Mañaneras, a no ser que fuera de Coca Light.

Es sentir de verdad.¿Te imaginás? ¿Qué diría CNN? ¿Una ola de frescura? ¿Coca Cola nos lo avisó? ¿Cuántos programas haría Chiche Gelblung si el tsunami no lo lleva? ¿Y Tognetti? ¿Y Pizarro? Si la Coca Cola es realmente mala, no los va a llevar. ¿Qué nos hace aceptar que un programa de investigación tenga día y horario? ¿Tienen suficiente parrilla de material atemporal como para emparchar los vacíos de información? ¿O tienen licencia para vender ficción por verdad, como los informes de Facundo Pastor? ¿Puede acaso la Federal anticipar cuántos casos resolverá el próximo martes o cuántos presos habrá mañana? Bueno, perdón el ejemplo. ¿Puede la Metropolitana saberlo? Bueno, perdón, otra vez. Quizá por eso la Guía T del reportero tarado haya fotocopiado el índice del manual policíaco. Lo maravilloso es la evidente previsibilidad de lo aparentemente imprevisible, en una máquina que etiqueta la actualidad para el consumo, en potes idénticos. Todo se envasa. Todo al vacío. Todo al cliente. Todos envasados. Todos al vacío. Todos comprando. ¿Y quién mierda produce? La vida y la muerte, el dolor y la risa, la seguridad y la inseguridad, la paz y el miedo, la sociedad y el mundo, espectáculos y deportes, la mentira y la verdad: todo está ahí, señalado en un mapa neutro, muerto, ajeno, como si no estuviera acá, fundido en la marea de realidad que contiene concientes y sonrientes a los terratenientes de la comunicación. Y a pocos más. Sólo así, disgregando la vida en cuadraditos, puede entenderse que la plataforma común de los acontecimientos sea un diario de Noble, un canal de De Narváez, una revista de Torneos o una radio de Hadad. ¿Qué cosas escribiríamos en Sociedad, si todos ellos no fueran motores de su cotidianeidad?

Información clave.La violencia que indigna a Mónica Gutiérrez, la libertad que toca el Clarín y el descontrol que quiere controlar Jacobson no son más que el producto de una obra que los presenta como pequeños peones y grandes productores, actores todos de una ficción que nos hace cómplices, cuando aceptamos no sólo el contenido, sino las formas, los tonos, el morbo y la dinámica de esta comunicación que ha minado nuestros sentidos. ¿Cómo llegamos a naturalizar que, ante lo extraordinario, se deben “frenar las rotativas»? ¿Lo extraordinario no debería activarlas?
De aquí, nuestro parate. Nuestro parate de manos. La página de La Poderosa se suele actualizar a diario, sí, porque andamos andando de martes a martes, para estar comunicados, para conocerte y para que nos conozcas. Pero justamente por eso, este sitio, nuestra voz, estuvo en silencio durante varios días, recobrando la fuerza y recordando la sonrisa de un motor impresionante que hoy empuja más que nunca. Simplemente, debimos parar la birome, para llorar un poco. ¿Por qué no lloran los conductores de televisión, que tan bien se indignan, que tan vehementemente se enojan, que tan lindo se sonríen? Debimos cerrar el lente, para mirar hacia adentro. ¿Qué sección del diario sería ésa? Debimos detenernos, para poder avanzar. ¿Nunca habrá una portada que diga: “Estamos pensando”? Debimos suspender las notas, para que lo notaras. ¿O preferías que te bombardeáramos a preguntas? Volvimos, por ahora. Y seguramente nos volveremos a ir. Cada vez que nos haga falta. O cada vez que nos haga sobra. Sí, esta semana no se actualizó la página de La Poderosa ni una sola vez. ¿Sabés qué? No pudimos. ¿Y sabés qué es mejor? No quisimos.

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