11 marzo, 2010
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Mercado Las Pelotas

Mercado Las pelotas.Poco, muy poco queda en el fútbol televisado, noticiado y convertido en show que no haya sido objeto de expropiación. Al juego se lo intenta quedar el negocio, como si la negación del ocio de donde viene no incluyera la negación del juego. A Adidas se le adjudica la pelota del Mundial. Y para estar alrededor de los pies de Messi tiene exclusividad Nike. Y está muy bien. Si el fútbol es el deporte más practicado internacionalmente, por qué no darle la explotación de sus diferentes partes a multinacionales, que incluyen a todo el mundo y a todas las edades, aunque esa inclusión no sea la misma y en algunos países los chicos les pidan a sus padres que les compren los productos que otros chicos producen más al sur o más al oriente. Con esta lógica, la Copa Libertadores de América tiene apellido de Río, no de la Plata, sino por la plata que invierte un banco español. Y vaya si invierte. Justamente de tierras ibéricas vinieron quienes fueron enfrentados por los “libertadores de América” que el torneo continental reivindica como próceres. Como próceres que son, bien hechos estatuas están y, nos dicen, todos debiéramos seguir su ejemplo: ser estatuas ante el saqueo, mientras el banco, de titulares nos inunda cuando es “saqueado por boqueteros, delincuentes profesionales”.

Los colores sí que no se tocan. Los colores se llevan en el corazón. Pero cada hincha tiene que mezclar témperas diferentes, con el aval del cardiólogo amigo, al ritmo de las nuevas versiones de camisetas que cada marca diseña cuidadosamente, para que el chico del país boreal u occidental no se quede sin la posibilidad de afianzar la relación con su padre, pidiéndole que le compre el nuevo modelo, que ahora también Publicidad hasta en el culo.tiene rojo en el cuello y el espónsor reluciente. Y con el espónsor en el pecho, en la espalda, en las mangas o en el culo, de acuerdo a los centímetros cuadrados que ya se hayan parcelado y alambrado en la vestimenta de un equipo, el hincha seguirá agregando colores en su corazón hasta que parezca una verdulería… por la cantidad de colores, no porque en él haya cualquier verdura o porque el patrocinador pueda ser Marolio.
De a poco se van acabando los lotes, pero el protagonista sigue siendo el jugador. Sin ellos, ni los dirigentes, ni las marcas, ni los empresarios deportivos serían posibles. Y, lógicamente, el jugador también es apropiado, aunque más apropiado sería llamarlo trabajador. Ahora, lo que sí tiene de bueno el mercado del fútbol, de los jugadores de fútbol, es que casi como en ningún otro lado la explotación aparece sin el disfraz del hombre libre que ya no sería ni esclavo ni siervo. El jugador de fútbol se reconoce como una mercancía que se vende, que tiene dueño, y puede tener más de uno, porque puede comerciarse en porcentajes. Su pase casi nunca es suyo, tampoco su gambeta y su gol, y puede ser propiedad, simultáneamente, de una empresa, de un grupo inversor, de un gerenciador y, en última instancia, de un club. Lo potencialmente más revelador, que a muchos no revela ni rebela, es que en la venta de los futbolistas está explicitado y hasta escrito que no sea él a quien le pertenezca el dinero del intercambio y ni siquiera una mayor porción, sino sólo una pequeña parte, que debería cederle quien había puesto la plata para adueñarse de lo que produce su trabajo.

Mercado Las pelotasSin pelotas, campeonatos, camisetas, colores ni jugadores, el fútbol, producto social, parece estar privado. Sin embargo, la violencia del fútbol, es la violencia del fútbol. Es del fútbol. ¿Qué va a tener que ver la organización de las barrabravas con que los pibes cada vez tengan menos espacios de contención y socialización? ¿Qué va a tener que ver con que cada vez sean más las escuelas privadas de pobres? ¿Qué va a tener que ver con que cada vez seamos más los que no llegamos a entrar en el intercambio de mercancías y pedimos por favor ser explotados, y así explotamos? ¿Qué va a tener que ver con que la violencia también se cotice, y a más violencia, más policías y a más policías, más dinero para la Policía? Nada que ver. Mejor no ver que si no podés entrar, tampoco a la cancha, porque no tenés para la entrada, vas con la barra; y que si en la barra sos poronga, quizás puedas vender entradas. Mejor no ver, o ver dado vuelta. Y entender que los violentos del fútbol se drogan para ir a la cancha o que generan violencia porque están borrachos como una cuba. Como si en los estadios de béisbol cubanos, algún partido terminara con dos bandos que se pegan batazos por la cabeza. Mejor no ver que en Cuba no hay explotación laboral, que todos tienen garantizado el acceso a la educación, a la alimentación, a la salud, al deporte, y que por eso ni los colores ni los deportistas se venden o pertenecen a empresa alguna.

El fútbol, hasta las bolas.En pocos días van a hacer dos años que Emanuel Alvarez murió de un balazo en el pecho, cuando iba a ver a “su” Vélez. Y sólo tal vez, sea mejor pensar que lo mató la violencia exclusiva del fútbol, que él fue la víctima 224 del fútbol argentino. Porque sólo tal vez, sea mejor abstraer a las víctimas del fútbol del resto de la sociedad, para que ella siga funcionando, con el fútbol incluido, y siga habiendo personas que son restos, sobras, residuos. Sólo tal vez, sea mejor seguir afinando la mirada, reduciendo la visión para encontrar nuevas parcelitas de fútbol; buceando en su interior para descubrir lo que aún queda por vender, aunque parezca difícil ir más adentro que la publicidad de ropa interior de Cristiano Ronaldo, la imágenes noventosas de Goyco en calzoncillos o la colita de Verón que vendía papitas. Lo que seguro es mejor, es que el fútbol que nos venden constituye sólo una parte del fútbol. Y que el fútbol sí puede asumirse como parte del todo en el que vive, apostando a transformarlo; aportando a la educación, a la construcción en equipo, a la formación de cooperativas para que el trabajo no sea sinónimo de explotación, conciente de que ni los campeonatos, ni las camisetas, ni los colores, deben venderse a ninguna empresa ni nombre propio. Porque qué mente siniestra puede imaginar que está bien que del trabajo, siempre social y colectivo, sólo saque rédito quien se jacte de ser su dueño. En qué cabeza puede caber que es mejor que la pelota explote y que el fútbol no sea popular.

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